Mírame de frente
No hay nada que negar,
no hay nada que ocultar,
no hay nada nuevo que saber.
Sólo es un nuevo amor
Míralo de frente,
mírame de frente.
No hay nada que negar,
no hay nada que ocultar,
no hay nada nuevo que saber.
Sólo es un nuevo amor
Míralo de frente,
mírame de frente.
Yo utilizaré un corsé color marfil que sólo me he puesto una vez y una falda por debajo de la rodilla, con forma, no recta, color marfil y verde agua, con un volante abajo.
Yo no quiero juntar para mañana,
no me pidas llegar a fin de mes;
yo no quiero comerme una manzana
dos veces por semana
sin ganas de comer.
Yo no quiero calor de invernadero;
yo no quiero besar tu cicatriz;
yo no quiero París con aguacero
ni Venecia sin tí.
una auténtica fiera.
¿En la cama también eres así?
que formaras parte de mi vida,
Ven a por mí.
Yo aliviaré tu cansancio.
Te mimaré.
Te acariciaré.
Te besaré.
Te lameré.
más dulce
no va demasiado bien
¿qué me está pasando?
¿qué hice?
¿que dejé de hacer?
¿En qué momento dejamos de ser para sólo estar?
No respondas ahora
No respondas nunca
Qué no daría yo por la memoria
de una calle de tierra con tapias bajas...
Qué no daría yo por la memoria
de un portón de quinta secreta
que mi padre empujaba cada noche.
Qué no daría yo por la memoria
de las barcas de Hengist,
zarpando de la arena de Dinamarca...
Qué no daría yo por la memoria
de haber sido auditor de aquel Sócrates
que en la tarde de la cicuta
examinó serenamente el problema
de la inmortalidad...
Qué no daría yo por la memoria
de que me hubieras dicho que me querías
y de no haber dormido hasta la aurora,
desgarrado y feliz
Borges
Preferiría mirar un fax tuyo que a la mayoría de mujeres en carne y hueso.
Yo no entiendo de colores,
Toda la semana esperando
un miserable gesto de amor.
Incluso una sonrisa hubiera valido,
un beso -por supuesto-.
Todo el día queriéndote hablar.
Tú, siempre huyendo.
Y cuando llega la noche,
me dices:
-Vamos a la cama
como quien propone cambiar de canal
No puedo hacerte el amor así
A pesar de todas las veces que NO hacemos el amor
A pesar de que llevamos diez años juntos
A pesar de que la mayor parte de esos años me has estado mintiendo sobre porqué NO hacíamos el amor.
A pesar de que muchas veces, cuando lo hacemos, me siento como si no lo hubiéramos hecho
A pesar de que no me escuches
A pesar de que no nos entiendas, ni a mí ni a mis deseos
A pesar de que no te guste el sexo oral, ni el anal
A pesar de que siempre me claves los dientes en las felaciones
A pesar del aburrimiento
A pesar de que no te depiles el sexo, como te he pedido tantas veces
A pesar de las otras
Pero no a mi pesar
Te quiero
Digan lo que digan las revistas presuntamente femeninas.
A mí me encantan los preámbulos. Me apasiona que me soben, que me besen, que me acaricien, acercandose poco a poco al momento presumiblemente crucial... pero ellas me agarran directamente el pene, le dan dos meneos rápidos y me dicen: "Metémela". ¡Que pena, que pérdida!
¿Será generalizado o es que tengo mala suerte? Tampoco follo tanto como para que la muestra sea significativa, pero me da la impresión de que este es otro tema en el que estamos igualando a hombres y a mujeres de la forma equivocada.
Por cierto, que mi santa es la peor de todas: además de ir al grano, despues de su orgasmo se desentiende del tema y en cuanto terminamos se da la vuelta y se echa a dormir. Cualquier dia de estos la denuncio al Instituto de la Mujer por machista.
Érase que se era una vez una azafata y un matemático que vivían juntos. Pero el matemático se dedicaba a sus teorías y prestaba poca atención a la chica. La azafata era joven y apasionada, y tenía un mapamundi donde iba marcando el lugar de sus conquistas.
Él se ponía celoso cuando miraba su bolso a escondidas y encontraba nuevas cruces en el mapa. Tras una semana de viajes particularmente intensa, con relaciones públicas en Suiza, Alabama, Tanzania, Peking y las islas Aleutianas, el matemático decidió cortarle las alas a su pareja.
Diseñó un juego de aros metálicos trabados que requerían una complicada secuencia de movimientos para liberarlos. Durante una noche de amor apasionado, tras conseguir que la azafata tomase unas copas de más, le sugirió a su amada ponerle unos piercings. Ella le dejó, sorprendida por las renovadas fantasías amatorias del matemático.
Poco tardó la chica en descubrir la trampa. Sus amantes enfebrecidos intentaban en vano desacoplar los aros, pero esas manipulaciones sólo conseguían excitarla aún más. Muchos hombres intentaron abrirlos: mecánicos, ingenieros, bomberos, soldadores, y un boxeador partidario de arrancarle los aros a mordiscos. La situación era insoportable.
Al final se le ocurrió que lo que un matemático había puesto, otro matemático podría quitar. El afortunado fueun joven estudiante de su esposo que apareció en su casa por error, pero desgraciadamente se olvidaron de cerrar los aros tras saciar sus deseos.
Esa noche, el matemático descubrió los aros abiertos y supo que había sido engañado. Pero la azafata desoyó sus quejas amargas, y le culpó de haberla obligado a recurrir a un colega suyo en vez de seguir consolándose con desconocidos en lugares exóticos. Él prometió enmendarse, y días después ella regresó de un corto viaje con seis nuevas cruces en Libreville.
sin niños
No me vas a ver tirado
ni me vas a ver vencido.
No me vas a ver rodando
como vos te imaginás,
ni metido en los boliches
pa olvidarme de tu olvido.
Si has pensado en todo eso,
no lo vas a ver jamás.
Cuando tenga que nombrarte
voy a hacerlo sin testigos
por si acaso en una de esas
se me escapa un lagrimón
y si tomo alguna copa
no va a ser con los amigos.
Uno nunca esta seguro
si le falla el corazón.
No voy a andar dando pena,
desesperado y vencido;
después de haberte perdido
nunca sabrás si tu olvido
dejó ternura o rencor.
Si todos dicen que miento,
porque abrazado al ayer
te quiero mucho, y te siento
si mi vida es un tormento
¡jamás lo vas a saber!
No te voy a dar el gusto
que te digan algun día,
que me vieron solo y triste,
que me muero por tu amor,
que te extraño como nunca,
que te quiero todavía.
No te voy a dar el gusto
que te cuenten mi dolor.
Yo sabré morder mis penas
y callar mis pensamientos,
no te va a decir ninguno
que en sincera confesión
le lloré mis amarguras,
ni le dije lo que siento
lo que siento lo sabemos
solo yo y mi corazón.
A pesar de lo que dice Ardelia, la soltera, no son sólo los hombres los que avisan de que no quieren compromisos.
A pesar de lo que dice, el que avisa NO es traidor. Y menos LA que avisa.
Ayer me dijo alguien: No vayas a enamorarte y yo estuve a punto de responderle como Sabina: Me han traído hasta aquí tus caderas, no tu corazón, pero entonces me di cuenta de que no había un aquí realmente... todavía estábamos ligando con el MSN.
Así que me callé... pero agradezco que me ofrezcan sexo sin compromisos, cariño sin contrapartidas, complicidad sin exigencias... y que me lo adviertan.
Sois maravillosas. Eres maravillosa. Aunque todavía no te haya visto.