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Como en su momento no tuvo éxito, relanzo este meme sexual que me ha recordado google (castigándome sin anuncios, con toda la razón) y espero que lo recoja cualquiera que lo lea.
Recojo desde Salidas de Emergencia esta cadena y os invito a seguirla...Las iniciales están codificadas según un antiguo método, para evitar reconocimientos fáciles. Pero ellas sabrán quienes son, supongo1. Ultima vez que practicaste (activa o pasivamente) el sexo anal
Desgraciadamente, hace años.2. Ultima web porno que visitaste
Urabon Navigator, aunque no es de las mejores que conozco.3. Ultima vez que te masturbaste
Ayer. Posiblemente ahora lo haga de nuevo. Responder a alguna de estas preguntas (sobre todo a la quinta) me excita4. Cinco acciones sexuales que te pongan loco
a) Que me metan mano en público (pero discretamente).
b) El sexo anal.
c) La lencería.
d) El sexo rasurado. Especialmente si lo afeito yo.
e) Dos chicas a la vez (y no estar loco).5. Cinco personas a las que te follarías ahora mismo y cómo
a) A L que me adora y aquien adoro, que me pone y que le pongo, pero que no se acaba de decidir. En la cubierta de un barco en medio del mar.
b) A mi amiga y ex-amante F durante un fin de semana de amor y pasión en un hotel, con sexo anal incluido.
c) A O que sé que me lee y creo que quisiera, pero hay que desplazarse y no es fácil. Sobre seda azul y con lencería.
d) A D, que está preciosa últimamente, hace mucho tiempo que no lo hacemos y nunca nos ha salido demasiado bien.
e) A J y a una amiga suya que ella escoja. En un chalé con piscina.
A ver cuáles son vuestras respuestas... Si respondes en tu blog, déjalo en los comentarios, para que podamos seguir la cadena.

Letra y música de José Canet
De cada amor que tuve, tengo heridas,
heridas que no cierran y sangran todavia,
error de haber querido ciegamente,
matando inutilmente, la dicha de mis dias.
Tarde me di cuenta que al final se vive igual, fingiendo.
Tarde comprobe que mi ilusión se destrozo, queriendo...
pobre amor que esta sufriendo la amargura más tenaz.
Y ahora que no es hora para nada;
tu boca enamorada me invita una vez mas...
Aunque quiera quererte ya no puedo,
porque dentro del alma tengo miedo
Tengo miedo que se vuelva a repetir,
la comedia que me ha hundido en el vivir.
Todo lo que di, todo lo perdí.
Siempre puse el alma entera de cualquier manera,
soportando afrentas, y al final de cuentas me quede sin fe...
De cada amor perdido tengo sueños,
son sueños que me gritan y me lloran todavía,
errol de haber soñado tontamente matando,
futilmente, la dicha de mis días.
Tarde me di cuenta que al final se vive igual, mintiendo.
Tarde comprobe que ya mi amor se destrozó, queriendo.
Y ahora que ya es tarde... para nada;
tu boca enamorada me invita una vez más...

Su aroma se había colado en mi piel y el recuerdo de sus besos trazaba un río infinito que me robaba el sentido.
El reflejo del amanecer acariciaba su cuerpo de sirena, sus caderas de marfil me mareaban al recorrerlas como un viajero que recordaba una tierra desconocida.
Sus cabellos oscuros bañaban la pureza transparente de su piel, como la noche profunda lo hace con la luna, acariciando las orillas de su indefenso pecho de paloma.
Cada vez que respiraba hundida en sus sueños me capturaba el aliento, me cautivaban las aguas calmas de su rostro, su sonrisa de labios entreabiertos me llevaba a desistir de mi pasividad de observador para esclavizarme en el vicio de acariciarle las mejillas
Sus manos diminutas se posaban en las sábanas como si fueran a volarse con la primera brisa de la mañana, y sus lunares dibujaban constelaciones que iba bautizando con el paso de mis manos.
Amé todo lo que ella odiaba de si misma, las torpes quemaduras de su brazo, sus hebras indomables, la imponencia de su contorno.
Quiero vivir lo que queda de mis días enredado entre sus piernas, despertar con ella entre mis brazos cuando la suerte me castigue, destaparme entero para entregarme a sus caprichos de mujer.
Podría haberla mirado toda la vida, ahora es ella la dueña de mi alma.
No quería despertarla, quizás soñaba conmigo, como yo lo hacia con ella, pero despierto.
Anónimo

Qué no daría yo por la memoria
de una calle de tierra con tapias bajas...
Qué no daría yo por la memoria
de un portón de quinta secreta
que mi padre empujaba cada noche.
Qué no daría yo por la memoria
de las barcas de Hengist,
zarpando de la arena de Dinamarca...
Qué no daría yo por la memoria
de haber sido auditor de aquel Sócrates
que en la tarde de la cicuta
examinó serenamente el problema
de la inmortalidad...
Qué no daría yo por la memoria
de que me hubieras dicho que me querías
y de no haber dormido hasta la aurora,
desgarrado y feliz

¿Colores?
Yo no entiendo
de colores...
A mí
me gusta
el moreno
de las carnes
de mi Lole.

Pendiente
de tu multiplicación,
ubicuidad
inesperada,
omnipresencia.
En todas partes
te hallo,
obsesionado.
Obsesionado,
te hallo
en todas partes
Omnipresente,
inesperada,
ubicua.
Multiplicada.

Vecinas,
compañeras
de trabajo,
esposas
de los amigos,
viejas amigas,
primas lejanas,
madres
de los amigos
de tus hijos,
amigas
de tu mujer.
Rollos ocasionales
que a nadie hacen mal
y dejan un poso de cariño
en los ojos
para siempre.
Una extraña
forma de amor,
acaso.

La dicha es un castillo con un puente de cristal,
camina suavemente si la quieres alcanzar.
Acércame tus labios sin odio, sin rencor
desecha tus temores y entrégate al amor.
Tu íntimo secreto a nadie le confíes
que el mundo siempre ríe
y es muy calumniador.
La dicha es un castillo con un puente de cristal,
de mil que lo cruzamos, dos o tres suelen llegar.
Ven, mira que hermosa está la luna
Ay!, ven, reclínate en mi corazón
Ríe, que nuestro enojo pasará
y un beso colmará mi desesperación.

No me vas a ver tirado
ni me vas a ver vencido.
No me vas a ver rodando
como vos te imaginás,
ni metido en los boliches
pa’ olvidarme de tu olvido.
Si has pensado en todo eso,
no lo vas a ver jamás.
Cuando tenga que nombrarte
voy a hacerlo sin testigos
por si acaso en una de esas
se me escapa un lagrimón
y si tomo alguna copa
no va a ser con los amigos.
Uno nunca esta seguro
si le falla el corazón.
No voy a andar dando pena,
desesperado y vencido;
después de haberte perdido
nunca sabrás si tu olvido
dejó ternura o rencor.
Si todos dicen que miento,
porque abrazado al ayer
te quiero mucho, y te siento
si mi vida es un tormento
¡jamás lo vas a saber!
No te voy a dar el gusto
que te digan algun día,
que me vieron solo y triste,
que me muero por tu amor,
que te extraño como nunca,
que te quiero todavía.
No te voy a dar el gusto
que te cuenten mi dolor.
Yo sabré morder mis penas
y callar mis pensamientos,
no te va a decir ninguno
que en sincera confesión
le lloré mis amarguras,
ni le dije lo que siento
lo que siento lo sabemos
solo yo y mi corazón


No quiero darte el sí quiero. Ni siquiera quiero que me cojas de la mano, que me cuelgues el abrigo ni me cantes en el baño. No hace falta que prepares desayunos ni decores mi salón (no, no elijas el color de las paredes). No te pido que dejes a tu mujer, sigue dándole las flores y los buenos días, dame a mí alguna cena a escondidas, alguna siesta en desvelo, dedícame las mentiras. Espérame en algún baño, redúceme en algún quicio, yo no quiero ser tu inicio. Me queda perfecto el disfraz de amante, ayer te vi desde el coche y a punto estuve de soltarte un piropo escandaloso. No quiero que pongas ni colchón ni barandilla por si caemos un día, tírate de la ventana a las seis de la mañana, que te espero en gabardina.

... no es volver a verte todos los días a la hora del aperitivo. Ni siquiera recordar tu cuerpo desnudo, tu tatuaje secreto, esa serpiente que parecía avanzar lentamente hacia tu sexo inflamado por el deseo, tu lencería de seda azul eléctrico acariciando tus pezones erectos, tus gemidos, tus miradas...
No. No es lo peor no poder hablar de esta oculta historia, ni tener que disimular delante de los amigos, ni estar obligado a bromear con tu marido de los resultados del domingo... como si yo no estuviera pensando en ese cuerpo que se supone suyo.
Ni lo es tampoco esa tensión interior que querrá reventar mi verga desde dentro cuando te agaches a recoger el tabaco de la máquina y las nalgas marquen dos superficies perfectamente curvas bajo tu ropa. Ni tampoco es lo peor intentar olvidar a que sabía esa cueva tuya llena de jugos armónicos o cómo intentabas atraer dentro de tu boca todo mi ser en un solo trago.
No. Lo peor de todo es que todo acabó, que parece no haber ocurrido nunca, que se va convirtiendo en recuerdo poco a poco y que quizás dentro de diez años nos riamos recordando que un día fuimos amantes. Y esa risa futura me hiela el alma hoy mismo, mientras te veo sonreír encima de las sábanas, diciéndome dulcemente que esta es la última vez.

Me cuesta trabajo pensar
que los besos saben igual
después de treinta años.
Me cuesta trabajo saber
que era tan fácil entrar
en tu deseo.
Me cuesta trabajo creer
que una vez me dejaste
por acariciar tus senos.
Me cuesta trabajo decir:
una noche como ayer
y el ruido del mar.
Me cuesta trabajo olvidar,
me cuesta trabajo querer,
me cuesta trabajo amar.

Duele verte con un tipo
al que le faltan las ideas
y le sobran argumentos.
Duele verte anestesiada
porque así se dio la cosa,
porque así quiso tu suerte.
Mientras yo caliento el banco de suplentes
con la camiseta puesta
para incluirme en tu futuro.
Mientras yo te doy de día
lo que él no cumple en las noches.
Aquí está tu clandestino
pa’ jugar al escondite
como amante guerrillero.
Pa’ cubrirte tus carencias
de ternura y desenfreno.
Aunque yo no esté en la foto
de la sala de tus padres,
ni en el bautizo del sobrino.
Y es que tú ahora tienes dos
y a mí me dividen una.
Cierra puertas y ventanas
que el mismísimo cielo pondrá una sucursal,
en el séptimo piso,
a las 11:50,
mientras duren los besos
y permita el reloj.
Cierra puertas y ventanas
que en 90’ habrá que condensar,
las caricias que caben
en los huecos que dejan
los encuentros furtivos y la soledad.
Y es que tú ahora tienes dos
y a mí me dividen una.
Puede ser que tu conciencia
te castigue por las noches
y te aliente en las mañanas.
Puede ser que un día de tantos
nos quedemos sin futuro
y tú sigas con tu teatro.
Mientras tanto dame un beso atrincherado,
de esos que por ser culpables,
son como agua en el desierto.
Tómame como al tequila,
de un golpe y sin pensarlo,
que si alguien sale ganando,
eres tú querida amiga, aunque pienses lo contrario.
Y es que tú ahora tienes dos
y a mí me dividen una.

Entre todos los bares de este mundo
he venido a este bar para encontrarte,
furtiva como siempre,
para rozar la piel de tus esquinas.
Y cómo me hace daño tu cansancio
-ya sabes que mañana es cada lunes-
esa vieja, tristísima, memoria
de buscarle sentido a algo que bulle
como se abre una flor,
así, de golpe.
Manías de la ausencia y tus nostalgias.
Te noto tan cansado...
Quiero dormir contigo. Busca sólo
un poco más de sueño y de tabaco.
Quiero morir contigo.
¿Por qué no me prometes un cumpleaños más?
Las arrugas ahí sí que son cosas serias
o el paso de los días,
con mis pechos que bajan a acariciar tus manos.
Y luego cuando un labio nos elude
en la piel de las ingles, ay, no muerdas,
y nos brinca por dentro...

Fue a conciencia pura que perdí tu amor. Nada más que por salvarte.
Hoy me odias y yo, feliz, me arrincono pa’ llorarte.
El recuerdo que tendrás de mí será horroroso.
Me verás siempre golpeándote, como a un malvao;
y si supieras bien qué generoso
fue que pagase así tu gran amor...
¡Sol de mi vida!...
fui un fracasao,
y en mi caída busqué echarte a un lao.
porque te quise tanto, tanto...
que al rodar para salvarte
sólo supe hacerme odiar.
Hoy, después de un año atroz,
te vi pasar. Me mordí pa’ no llamarte.
Ibas linda como un sol;
se paraban a mirarte.
Yo no sé si el que te tiene así
se lo merece.
Sólo sé que la miseria cruel
que te ofrecí
me justifica, al verte hecha una reina,
que vivirás mejor lejos de mí.
¡Sol de mi vida!...
fui un fracasao,
y en mi caída busqué echarte a un lao.
porque te quise tanto, tanto...
que al rodar para salvarte
sólo supe hacerme odiar.
Enrique Santos Discépolo/Luis C. Amadori

La misma fuerza que nos aparta con timidez de una amiga permite que nos coja del hombro un extraño; Damos un beso a un niño en la cabecita, el nos lo devuelve en la mejilla y nos sonrojamos; El amigo que nos pellizca en broma nos mata del susto si pone la mano sobre la nuestra; Sabemos que un ligero empujón es una muestra de afecto, huímos de los ojos que se nos clavan.
Un gesto con que el otro nos aparta el pelo de la cara o nos quita una carbonilla,es el mayor secreto erótico, un símbolo de posesión...Si se detiene a peinarnos las cejas nos rendimos, nos inundamos de pasión. Nuestra madre nos coloca con afecto el cuello de la camisa y gruñimos, nos removemos, nos incomodamos.
Esa mano que se posa en nuestro rincón más secreto puede ser más inocente que la de un niño; Sólo quiere decir eso tan simple y tremendo de "yo soy tu, tu eres yo, acaricio lo que nos gusta, rasco donde nos pica".
Decimos "buenos días" desde la puerta, acariciando el pelo del que duerme o sujetando con fuerza su pene. Siempre la respuesta es "ya voy". Y viene, pero de diversas maneras.
El tacto que podría ser ofensa se convierte en placer; El rechazo es una risa o una lágrima; La vida es un eludir y una aproximacion desesperada.
No quiero tocarte, no me obligues a tocarte, no debo tocarte, no me impidas tocarte, tócame, me muero por tocarte, no puedo evitar tocarte....


Donde quiera que estés,
te gustará saber
que por flaca que fuese la vereda
no malvendí tu pañuelo de seda
por un trozo de pan
y que jamás,
por más cansado que
estuviese, abandoné
tu recuerdo a la orilla del camino
y por fría que fuera mi noche triste,
no eché al fuego ni uno solo
de los besos que me diste.
Por tí brilló mi sol un día
y cuando pienso en tí brilla de nuevo
sin que lo empañe la melancolía
de los fugaces amores eternos.
Donde quiera que estés,
te gustará saber
que te pude olvidar y no he querido,
y por fría que sea mi noche triste
no echo al fuego ni uno solo
de los besos que me diste.
Donde quiera que estés...
si te acuerdas de mí.

Qué ruido tan triste el que hacen dos cuerpos cuando se aman,
parece como el viento que se mece en otoño
sobre adolescentes mutilados,
mientras las manos llueven,
manos ligeras, manos egoístas, manos obscenas,
cataratas de manos que fueron un día
flores en el jardín de un diminuto bolsillo.
Las flores son arena y los niños son hojas,
y su leve ruido es amable al oído
cuando ríen, cuando aman, cuando besan,
cuando besan el fondo
de un hombre joven y cansado
porque antaño soñó mucho día y noche.
Mas los niños no saben,
ni tampoco las manos llueven como dicen;
así el hombre, cansado de estar solo con sus sueños,
invoca los bolsillos que abandonan arena,
arena de las flores,
para que un día decoren su semblante de muerto.

Siempre supe
que envejecería contigo.
No me preocupaba
que siguieras con él,
que yo no estuviera contigo.
Siempre supe
que envejecería contigo.
Y nos hemos hecho viejos.
Demasiado tarde
para envejecer
contigo.

Una chica enterrada en un desierto de cristal. Las pequeñas esferas, transparentes, la atrapan, la muestran, de momento, a oscuras en esa pequeña pecera. Viste un chemisier, pero eso no importa. Hasta ahora, fue el silencio. De repente, cuando el juego tan infinito como retorcido de lamparitas de toda forma y color, dispuestas como flores de tallo metálico, empieza a encenderse, las intensidades varían. La chica del desierto de cristal se incorpora, mira algo ubicado en un más allá. Se despereza, vuelve a mirar, debe escuchar algo, pensar bastante y esperar demasiado. Y, aunque nadie sepa qué es, todos pueden sentir en la piel el peso de esa expectativa. Los foquitos siguen su juego. Enciende, apaga, desvanece, reaparece. Caminando algunos pasos más hacia el fondo, en esa mezcla entre pasarela y pasillo, un cristal opaco deja entrever, negando con la perversión del objeto de un voyeur, la espalda desnuda de un hombre. Allí, en ese cuarto, también está la oscuridad. La chica, la del principio, ahora sufre. Algo la angustia, pero ese rostro, esos gestos, con el zumbido incesante de fondo, con esos pequeños respiros como de música electrónica, pueden convertirse en cualquier otra cosa. Una experiencia perceptiva, sensorial, emotiva, pero de emoción pura y exclusivamente corporal. Entra por los ojos, por los oídos, por la memoria del hombre desnudo que camina hacia el fondo de su encierro lentamente; que regresa a su vidrio, que parece escuchar algún rumor detrás de una pared, mientras un tanque de agua se recarga. El pasillo sigue: un espacio algo más pequeño que los anteriores, incorporado a la pasarela (a diferencia de la distancia que lo separaba de los demás). Algunas personas se acercan, buscando la imagen, y sólo encuentran dos voces.

Un recuerdo tenaz,
se ha empeñado en volver,
con tu nombre,
que quiero olvidar,
los recuerdos,
que juzgan mis noches,
son fantoches,
que quiero alejar.
En su nombre,
se encierra el pasado,
de un ayer,
que no pude saciar,
un amor de dolor,
un amor sin amar,
que le diste,
pagando mi amor.
Te fuiste como el humo,
que lo disipa el viento,
y en esta noche,
en que recuerdo y fumo,
el humo del tabaco,
te vuelvo a ver,
y así perderlo todo,
y así quedar sin nada,
para que nada,
nos amarre nunca,
ni la promesa trunca,
de aquel querer.

Sudaba. Un nudo en la garganta.
Ardientes lágrimas quemaban mi rostro.
Estaba con una mujer hermosa, desnuda,
que decía mi nombre entre suspiros.
¿Cómo demonios llegó a mi cama?,
pensaba mientras besaba sus pechos (medianos y pálidos).
No recuerdo el día que la conocí.
Tampoco, cuando comenzó esto.
Entre cantina y cantinas horas muertas;
calles vacías, conversaciones de café,
un empleo mal remunerado.
Trabajaba en una cafetería.
No era una mujer de americano o express.
Desde el principio lo supe.
Ella era un chica mokachino descafeinado.
Además, estaba casada desde cinco años atrás.
Vivía con un aficionado al fútbol y al espagueti western.
Le contaba mis aventuras nocturnas.
Me apropiaba sin ningún escrúpulo
de las mejores anécdotas de la banda.
Y decía, cada quince minutos, lo profunda y triste que resultaba mi soledad.
A veces llegaba a las seis de la tarde y se iba a las diez, cuando cerraba el local.
Caminábamos hacia su casa, o a alguna estación de metro o simplemente caminábamos.
A veces, sin darme cuenta, la tomaba de la mano.
Un día pidió chocolate y galletas. Algo pasaba.

Snow Crash, Neal Stephenson

Qué pena
más grande,
amor:
que te recuerde
sin pena,
qué pena
que ya no hay cadena
que nos una a los dos...
¡Qué pena
que no fue nada
y todo lo pudo ser!
Manuel, el de Lole.

Bajábamos desde Tirso de Molina hacia la Puerta Cerrada, por Los Mayores, cuando se aferró a mi brazo. Disimulé el escalofrío de felicidad. Me preguntó:
—Bueno, ¿qué?, entonces ¿me vas a contar lo de la copia algún día? —me dijo alegre mientras me apretaba con la mano—.
Me paré y la hice que se parara.
—Yo no podría negarte nada —le respondí—.
La miré a los ojos y me lancé a besarla.
—Espera, espera —miró alrededor—. Vamos a mi casa. Está cerca.
En ese momento no me di cuenta, pero luego al recordar esa escena caí en la cuenta. Cuando miró a los lados, detrás, no muy lejos, apoyado en el quicio de un portal, nos miraba la mujer del pelo rojo que había estado a mi izquierda en la biblioteca.

Ya no me mires mas así, eres la novia de mi amigo
Tus ojos buscan verme a mí, no me sonrías por favor
En los momentos de estar solos, tus labios tienen sed de mí
mas tus caricias son de él
Y sin embargo, yo te adoro
Ya no me mires mas así, ya no me mires por favor
eres la novia de mi amigo, ya no me mires mas así
Perdámonos entre la hierba, detrás del parque en la arboleda
Tu ya comienzas a llorar, y me comienzas a estrechar
Y sin embargo, yo te adoro
¿Qué tiene el que no tenga yo?
¿Qué tiene el que no tenga yo?
Lo unico que tiene es a ti, a ti

Esos seres encantadores que aprecen en tu vida,
enamoradas o ansiosas de sexo,
o ambas cosas.
Compañeras de trabajo,
ligues de bar,
recién separadas buscando un rato sin complicaciones,
amores de juventud que buscan en un único polvo
todos los que no echásteis a los veinte años.
Vecinas golfas que se lo hacen contigo
y con dos amigos más.
Dos parejas y una soltera fea
en busca de un intercambio.
Una que conoces por internet
que le gusta pero no quiere líos
Una ex-alumna platónicamente colgada,
las madres de los amigos de tus hijos,
la mujer del ex de tu mujer,
su segunda mejor amiga.
Las quiero a todas.

Fue terrible aquel año, de sequía y de miedo.
Fue terrible aquel año, recordarlo es bueno.
Ganaron las derechas, año amargo en política.
Y los médicos no hallaron vacuna para el SIDA.
Fue terrible aquel año, morían niños en África.
Y aquí mismo en mi calle mataban a un mendigo sin patria,
a una infeliz prostituta, a una esposa maltratada.
Terrible fue aquel año, los Balcanes humeaban.
Fue terrible aquel año, los días eran fríos
y cada vez más cortos. Los meses eran ríos,
arrastrando abandono; el amor era olvido.
No hubo nubes, no hubo lluvia, el otoño estaba prohibido.
Fue terrible aquel año, celebraron convenciones
sobre la capa de ozono, y rompieron los hombres
la moratoria en la caza de lobos y ballenas.
Terrible fue aquel año, corría la sangre en Chechenia.
Fue terrible aquel año los días eran fríos
y cada vez más cortos los meses eran ríos
arrastrando abandono el amor era olvido
no hubo nubes, no hubo lluvia, el otoño estaba prohibido
Fue terrible aquel año, de hambre, de guerra,
de ideas perseguidas, de oraciones y miseria.
Fue terrible aquel año, no consigo olvidarme.
Fue terrible aquel año en que tú, tú me dejaste,
tú me dejaste.

No sabes cuanto te he querido,
olvidarte es saber que no hay forma,
ahora tengo que aprender a desnombrarte,
con los ojos más que con la boca.
Sigues siendo la dueña,
del gigante que se esconde en mi silencio
Has cambiado mi forma de mirar,
has cambiado el sentido de las calles
Caminar sin ti, no es del todo andar
has llenado los semáforos de sangre,
No me morire, pero ya verás,
como no sabré esquivar los vientos que te nombran
No me cansaré, de pensar que estás,
a mi lado pero no como una sombra.
Y no sabes, que aún cocino para ti,
y no sabes, que dibujo tu perfil con las frases,
que hace tiempo te escribí. Con las frases,
que ahora estallan junto a mi
Y no sabes, que no debes sonreir,
no me abraces, que no sabré salir de los besos,
que de pronto no me das, de este fuego
que me alumbra, cuando no estás
Has cambiado mi forma de mirar,
has cambiado el sentido de las calles
Caminar sin ti, no es del todo andar
has llenado los semáforos de sangre,
No me morire, pero ya verás,
como no sabré esquivar los vientos que te nombran
No me cansaré, de pensar que estás,
a mi lado pero no como una sombra.

No es fácil
verte
todos los días
perderte
añorarte
sin distancias
estar
sin estar juntos
No es fácil
quererte
sin respuesta
sin esperanza

No puedo dejar de pensar en ti.
Es una estupidez,
lo sé.
Acabamos hace tiempo,
tú has tenido
más amantes
después
(de los que he sentido celos,
yo que nunca he tenido celos
y menos con alguien
que no era mi pareja,
que ni siquiera
había sido mi pareja)
y ahora estás
embarazada otra vez,
supongo que de tu marido
porque no eres ninguna tonta
y no puedo dejar
de pensar en ti.
Será porque
cuando el amor nos golpeó
¿recuerdas?
hablamos de hijos,
nos miramos
y nos asustamos.
A los dos días me dijiste
que lo nuestro
había terminado.
Y ahora te veo
embellecer
semana tras semana y
¿qué quieres que le haga?..
no puedo
dejar
de pensar en ti.

Vecinas,
compañeras
de trabajo,
esposas
de los amigos,
viejas amigas,
primas lejanas,
madres
de los amigos
de tus hijos,
amigas
de tu mujer.
Rollos ocasionales
que a nadie hacen mal
y dejan un poso de cariño
en los ojos
para siempre.
Una extraña
forma de amor,
acaso.

enterré mi testamento en tu vientre
ante la incertidumbre de los murciélagos
que no captaron la transfusión de palpitares
(cuando exhalabas mis huesos
el Universo
se hizo miles de versos
y viceversa)
con un chorro de sangre y de viento
toqué tu frente de barro
para iniciar el ritual
de la melodía
luego
buscamos la llamita verde
de todos los orígenes
e hicimos la luz

Hay hadas con los ojos finos, cerrados aún
que no me miran y no quieren mezclarse ya que
tienen la piel de porcelana azul y que de las manos
sueltan pétalos de melocotón. Hay hadas comiéndome
al lado sin el más mínimo ruido y sin el más mínimo
rumor me caricia el paladar un néctar de queso y ciruela,
de agua caliente y miel, de rosa con espinas. Hay hadas
sin hablar, hadas que no hablan mi lengua y que
me queman las palabras en el fondo del mar.
Hay hadas rubias con piel de seda y pelo largo
ojos verdes y un jersey rojo con cremallera de mantequilla;
hay hadas con cara blanca, con labios grandes y sonrisa
que me llama: dos besos han de ser suficientes,
dos besos son un sacrificio, son un desvío
y un meñique colgando sobre el vacío la única
salvación. ¿Quién prefiere las montañas rusas?
Ya no tiene sentido; hay hadas rubias que son
hilos tensos de equilibrista sin red.

Eres
el ángel oscuro
que ilumina mis sueños
y apaga las luces
de mi entendimiento.
No puedo dejar
de pensar en ti
y tú lo sabes.
Pero
lo nuestro
terminó
el día
que el miedo
te convirtió
en el ángel oscuro
que ilumina mis sueños
y apaga las luces
de mi entendimiento.

Me tienes en tus manos
y no me quieres tomar
Nos miramos,
nos decimos
Te quiero
a veces, incluso,
nos besamos
y luego
nos marchamos cada uno
con nuestra pareja
a casa
con el deseo
dándonos vueltas
en los labios.
No lo puedo soportar.

Para casados y casadas, vuelven las oportunidades.
En vacaciones, es mucho más complicado escaparse. Así que funcionamos al revés que los solteros.
Septiembre es un buen mes... hemos pasado por la excitación de Agosto sin poder aprovecharla. Veremos si hay suerte.
Esperemos que la haya.
Os espero.
Nuestros cabellos flotan en la curva del aire
y en la curva del agua flota un barco pirata
que lleva en su cubierta entre cercos de brea
tus miradas de ámbar y el ámbar de tus manos.
Nuestros cabellos flotan en aire enrojecido
mientras su cuerpo pende hecha color su carne
de los siete colores tendidos en un arco
sobre el cielo de hule herido por sus ojos.
¿Por qué siempre rehuyes el encerrar tu carne
en mi carne cuajada de flores y de heridas
abiertas con puñales en madrugadas blancas
llegadas del desierto entre nubes de polvo?
Nuestros cabellos flotan en la curva del aire
envueltos entre ráfagas de crímenes violentos
y manos inocentes quieren lavar la sangre
derramada en la tierra por el primer amor.

Creo que ya os lo he dicho:
me traéis de cabeza.
Ambas.
Las dos.
y en verano más.

La familia, los amigos,
aguardan con impaciencia
que por dignidad, la saque
de la casa con violencia.
Apenados me contemplan
o sonríen con desprecio.
Se les nota que sospechan
que sé cuanto saben ellos.
Y lo sé, lo supe siempre
que se acuesta con cualquiera
y ellos piensan que, eso,
un hombre como tal, no lo tolera.
Pero es simple, toda hembra
quiere a hombres diferentes
y a diferentes mujeres quiere
el hombre, es lo corriente.
Qué me importa que en un cuarto
otros encuentren amparo
siempre y cuando lo precise
lo halle desocupado.
No renuncio a la delicia
de tenerla sugerente
en mi cama cada noche
por prejuicios de otra gente.
La familia, los amigos,
me presionan a diario.
No me queda otro remedio
que mudarme de este barrio.
J. M. Fonollosa y J. M. Serrat

Vi tu cara blanca pestañando glamorosa,
te veías tan hermosa
en la pantalla de TV ;
no te recordaba tan airosa,
profunda y orgullosa:
el amor no te ha dejado envejecer.
Eras un ratón entre mis manos
en los tiempos suburbanos
en que pude y te besé ;
ahora veo tu estampa y no le huyo
pero hay algo que me amarga: yo te tuve y te dejé.
Brillarás en las fiestas faranduleras,
empresarios poderosos lucharan tu corazón ;
torcerás en tu cabeza kilombera,
la relación entre la guita y el amor.
Llenarán tus miembros con alhajas,
entrará por esos labios mucho alcohol ;
dormirás en la mañana la resaca de cocaína
que te regaló un buchón.
¿Quién forjó el acero de la plancha que besó la misma seda
que te envuelve cuando te vas a acostar? ;
¿Quién es el diariero de tu barrio, quién te rola los cigarros,
quién lustra el bronce que tocás ?
Yo ya te he olvidado, yo no vivo en el pasado,
yo no creo en los rencores por las cosas del ayer ;
pero vivo solo como un paria porque hay algo que me amarga,
yo te tuve y te dejé.

Dice: En aquel tiempo yo era más joven, y mejor persona. Quizá tú también lo eras. Mejor persona, me refiero. Lo eras, sin duda. Tenías que ser mejor persona, porque si no nunca habría tenido nada que ver contigo.
Dice: Te quise tanto. Te quise con locura. Sí, así te quise. Más que a nada en el mundo. ¿Te das cuenta? Es para morirse de risa. ¿Te imaginas? Estábamos tan íntimamente unidos en aquella época que apenas puedo creerlo. Creo que eso es precisamente lo que más extraño se me hace ahora. El recuerdo de haber tenido tal intimidad con alguien. Una intimidad tan grande que me dan ganas de vomitar. No me cabe en la cabeza una intimidad así con otra persona. Nunca he vuelto a tenerla.
Dice: Sinceramente, quiero que me dejes al margen de todo de ahora en adelante. Lo digo en serio. Además, ¿quién te has creído que eres? ¿Te crees Dios o algo parecido? Tú no eres digno ni de lamerle las botas. Ni las botas de Dios ni las de nadie, si vamos al caso. Señor mío, ha estado usted frecuentando gente que no le conviene. Pero ¿qué puedo saber yo? Ya ni siquiera sé qué es lo que sé. Pero sé que no me gusta lo que has ido repartiendo a manos llenas. Al menos sé eso. Ya sabes a lo que me refiero, ¿no? ¿Me equivoco?
Me acompaña por el pasillo.
Dice: No sé cómo podría explicarle esto a mi marido si apareciera en este momento. Pero qué importa. Si nos ponemos a pensarlo, hoy día a nadie le importa un comino nada. Además, creo que todo lo que podía pasar ya ha pasado. A propósito, mi marido se llama Fred. Es un buen hombre. Trabaja duro para ganarse la vida. Y se preocupa por mí.
Me acompaña hasta la puerta, que ha estado abierta todo el rato. Durante toda la mañana han estado entrando la luz y el aire fresco y los ruidos de la calle, pero no nos hemos dado cuenta. Miro hacia el exterior y veo, oh, Dios, una luna blanca suspendida en el cielo de la mañana. No creo haber visto jamás nada tan extraordinario. Pero me da miedo comentarlo. Sí, me da miedo. No sé lo que podría pasar. Hasta podría echarme a llorar. O no entender en absoluto mis propias palabras.

apareciste en la playa con tu marido. No me atreví apenas a mirarte. Olías exactamente igual que hace ventiun años, cuando agarrabas mi sexo suavemente con la boca como si no quisieras soltarlo jamás.
Tú sí me mirabas, recordando lo mismo.
Buscamos lugares comunes, hablábamos él y yo. Luego se buscaron brevemente nuestras miradas. Me dijisteis que habíais vuelto a esta ciudad.
Nos despedimos musitando un a ver si nos vemos. Tú y yo nos fuimos pensando lo mismo. Ambos sabíamos lo que estaba pensando él.
Me encantaría verte de nuevo, a veces he pensado en ti. Me encantaría amarte de nuevo.

La Sra. M definitivamente
actuó de acuerdo a la mejor
de las éticas judeo-cristianas:

El pronóstico
para el amor
este verano
es bueno.
La única pregunta
es si estás buscando
el amor
sólo para este verano
o para que te dure
cuando llegue
el frío.

En mi casa no hay nada prohibido
pero no vayas a enamorarte
con el alba tendrás que marcharte
para no volver.
Olvidando que me has conocido,
que una vez estuviste en mi cama,
hay caprichos de amor que una dama
no debe tener.
Es mejor, le pedí, que te calles,
no me gusta invertir en quimeras,
me han traído hasta aquí tus caderas
no tu corazón.
Y después, para qué más detalles,
ya sabéis, copas, risas, excesos
como van a caber tantos besos
en una canción.

Alma son de mis cantares,
tus hechizos...
Besos, besos
a millares. Y en tus rizos,
besos, besos a millares.
¡Siempre amores! ¡Nunca amor!
Los placeres
van de prisa:
una risa
y otra risa,
y mil nombres de mujeres,
y mil hojas de jazmín
desgranadas
y ligeras...
Y son copas no apuradas,
y miradas
pasajeras,
que desfloran nada más.
Desnudeces,
hermosuras,
carne tibia y morbideces,
elegancias y locuras...
No me quieras, no me esperes...
¡No hay amor en los placeres!
¡No hay placer en el amor!
Manuel Machado

No lo he olvidado
y espero que tú tampoco...
No hemos llegado
a encontrarnos
Pero sigo esperando
que llegue el momento
Sé dónde estás.
Llegaré

Un día me dijiste:
De nada servirá seguir ocultando tu deseo.
De nada servirá tu fidelidad ni tus promesas
De nada servirá, pierde tus alas y ven.
Deja de ser un ángel.
Sé una persona normal.
Ven
Mejor nunca
te hubiera hecho caso.
Ahora no tengo
ni tu amor
ni mis alas

Soy ese vicio de tu piel
que ya no puedes desprender.
Soy lo prohibido.
Soy esa fiebre de tu ser
que te domina sin querer.
Soy lo prohibido.
Soy esa noche de placer,
la de la entrega sin papel.
Soy tu castigo.
Porque en tu falsa intimidad
en cada abrazo que le das
sueñas conmigo.
Soy el pecado que te dió
nueva ilusión en el amor.
Soy lo prohibido.
Soy la aventura que llegó
para ayudarte a continuar en tu camino.
Soy ese beso que se da
sin que se pueda comentar.
Soy ese nombre que jamás
fuera de aquí pronunciarás.
Soy ese amor que negarás
para salvar tu dignidad.
Soy lo prohibido.

Las cenizas de la soledad
se avivan
con cada nuevo amor.
Aunque eso no quita
que me pase
la vida entera
recordándote
Alguna vez pensé
que duraría siempre.
Pero siempre
es una palabra
que ni siquiera
los dioses entienden

Siempre te vas en las tardes
y el tiempo se va atrás de ti
pegado a tu piel como el sol
quemando el silencio mi voz.
Me quedo triste pensando
en el beso que me faltó dar
o el deseo que queda tenaz
pero tarde es, tengo que partir.
La vida sigue su curso afuera
mi cama está sin vestir aún.
Al otro día regresas y vuelvo
en tus brazos a amar o hablamos
de algún tema actual
y el tiempo nos vuelve a buscar.
Y así vivimos los dos alerta
sin dejar nada,
sin darnos tregua.

No haces mas
que murmurarme.
Tanto como tú
me querías
y ya no quieres
ni hablarme
¡Qué mala suerte la mía!

Pero al final
volví
de la casa de los sueños
Estos duran
lo que tarda
en apagarse un sonido
Y su recuerdo
- que,
al principio,
parece
indeleble-
desaparece
como si estuviera
escrito en el agua
Como desaparecen
-aunque quisiera retenerlos-
de mi memoria
tu olor,
tu textura,
tu sabor.

No me quiere mi mujer.
Tampoco mi amante
En el bar de la esquina
ya no me fían las cervezas.
Del dolor de estar vivo
me quedan
demasiadas secuelas.
Recuerdo muchas veces
los días
que estábamos juntos.

El amor prohibido,
mi pareja de damas.
No tiene sentido,
pero siempre me ganan.
Volver a sus brazos
una noche de estas
Quererlas sin miedo,
amarlas perfectas
Mi amor prohibido,
la pareja de damas

No sé
si merece
la pena
siquiera
seguir consiguiendo
tus secretos
y este juego
de vana seducción
y presunciones.
Faroles de poker
evanescentes
mentiras inocentes
y sexo
que no ocurrirá.

...haber hecho el amor
tantas veces contigo
que verte ducharte
ya no me sorprendiera!
... y haber hecho el amor
tantas veces contigo
que verte ducharte
me excitara más
que la primera vez
que te vi desnuda!

... no es volver a verte todos los días a la hora del aperitivo. Ni siquiera recordar tu cuerpo desnudo, tu tatuaje secreto, esa serpiente que parecía avanzar lentamente hacia tu sexo inflamado por el deseo, tu lencería de seda azul eléctrico acariciando tus pezones erectos, tus gemidos, tus miradas...
No. No es lo peor no poder hablar de esta oculta historia, ni tener que disimular delante de los amigos, ni estar obligado a bromear con tu marido de los resultados del domingo... como si yo no estuviera pensando en ese cuerpo que se supone suyo.
Ni lo es tampoco esa tensión interior que querrá reventar mi verga desde dentro cuando te agaches a recoger el tabaco de la máquina y las nalgas marquen dos superficies perfectamente curvas bajo tu ropa. Ni tampoco es lo peor intentar olvidar a que sabía esa cueva tuya llena de jugos armónicos o cómo intentabas atraer dentro de tu boca todo mi ser en un solo trago.
No. Lo peor de todo es que todo acabó, que parece no haber ocurrido nunca, que se va convirtiendo en recuerdo poco a poco y que quizás dentro de diez años nos riamos recordando que un día fuimos amantes. Y esa risa futura me hiela el alma hoy mismo, mientras te veo sonreír encima de las sábanas, diciéndome dulcemente que esta es la última vez.
Aprender Alemán,
y correr,
y trabajar muchas horas.
Escribir cuentos
y estudiar otra carrera.
Hacer de todo
y a todas horas,
y no tener ni un minuto libre.
Sobre todo, no tener un minuto libre.
No sea que la recuerde.
No sea que recuerde que todo esto
lo hace para no acordarse de ella.

Amé su cuerpo entonces y su alma.
Su piel fue para mí la tierra firme;
la soñé como un sexto continente
no registrado en mapas todavía.
Soñé con la bahía de su boca.
Su pelo era una selva virgen
que abría su misterio mineral y oscuro.
Soñé con las ciudades de sus pechos.
Los ríos de las venas que afloran en su piel
eran rutas abiertasa la navegación y al gozo.
Se podía viajar en su mirada.
En las blancas llanuras de sus manos
yo cultivé el maíz y buenas relaciones.
Después no pude estar sino en su cercanía.

Fue a conciencia pura que perdí tu amor.
nada más que por salvarte.
Hoy me odias y yo, feliz,
me arrincono pa’ llorarte.
El recuerdo que tendrás de mí
será horroroso.
Me verás siempre golpeándote
como a un malvao;
y si supieras bien qué generoso
fue que pagase así tu gran amor...
¡Sol de mi vida!...
fui un fracasao,
y en mi caída busqué echarte a un lao.
porque te quise tanto, tanto...
que al rodar para salvarte
sólo supe hacerme odiar.
Hoy, después de un año atroz,
te vi pasar. Me mordí pa’ no llamarte.
Ibas linda como un sol;
se paraban a mirarte.
Yo no sé si el que te tiene así
se lo merece.
Sólo sé que la miseria cruel
que te ofrecí
me justifica, al verte hecha una reina,
que vivirás mejor lejos de mí.
¡Sol de mi vida!...
fui un fracasao,
y en mi caída busqué echarte a un lao.
porque te quise tanto, tanto...
que al rodar para salvarte
sólo supe hacerme odiar.
Enrique Santos Discépolo/Luis C. Amadori

que te tengo
en marcación directa
en mi móvil
y no te llamo nunca
que he estado
en esa isla
con la que soñamos
y no te recordé
que he olvidado
el olor de tu sexo
el sabor de tu saliva
el color de tus ojos
que pensé
que me moriría
si te ibas
y me sigo yendo
que te sigo
queriendo
que te sigo
echando de menos

Te recuerdo claramente en el Chelsea Hotel,
hablabas tan segura y tan dulcemente,
mamándomela sobre una cama deshecha
mientras en la calle te esperaba la limusina.
Esas eran las razones y ésa fue Nueva York,
nos movíamos por el dinero y la carne
y a eso lo llamaban amor, los del oficio,
probablemente, aún lo es para los que quedan.
Pero te fuiste, ¿verdad, nena?
Sólo le diste la espalda a la gente
y te alejaste, ya nunca volví a oírte decir:
Te necesito, no te necesito, te necesito, no te necesito,
mientras todos te bailaban alrededor.
Te recuerdo claramente en el Hotel Chelsea.
Ya eras famosa, tu corazón era una leyenda.
Volviste a decirme que preferías hombres bien parecidos
pero que por mí harías una excepción.
Y cerrando el puño por los que como nosotros
están oprimidos por los cánones de belleza,
te arreglaste un poco y dijiste: No importa,
somos feos, pero tenemos la música.
Y entonces te fuiste, ¿no es así, tía?
Simplemente, diste la espalda a la gente
y te alejaste, ya nunca volví a oírte decir:
Te necesito, no te necesito, te necesito, no te necesito,
coreándote todos alrededor.
Y no pretendo sugerir que yo te amara mejor
No puedo llevar la cuenta de cada pájaro que cazaste.
Te recuerdo claramente en el Hotel Chelsea.
Eso es todo, no pienso en ti muy a menudo.

Te digo adiós y acaso, te quiero todavía.
Quizá no he de olvidarte, pero te digo adiós.
No sé si me quisiste... No sé si te quería...
O tal vez nos quisimos demasiado los dos.
Este cariño triste, y apasionado, y loco,
me lo sembré en el alma para quererte a tí
No sé si te amé mucho...No sé si te amé poco.
Pero sí sé que nunca volveré a amarte así.
Me queda tu sonrisa dormida en mi recuerdo,
y el corazón me dice que no te olvidaré;
pero al quedarme solo; sabiendo que te pierdo,
tal vez empiezo a amarte como jamás te amé.
Te digo adiós y acaso en esta despedida
mi más hermoso sueño muere dentro de mí...
Pero te digo adiós para toda la vida,
aunque toda la vida siga pensando en ti.

De todas las valentías
que el coraje supo darme
confieso mi cobardía,
nunca quise enamorarme.
Tuve miedo al metejón
que pagaran con traición
la fe que se da por nada.
No quise que al corazón
le hicieran falsa jugada.
¡Miedo! Tuve miedo de encontrarla,
¡Miedo! De rendirme o de llorarla,
¡Miedo! De entregarme maniatado,
implorante y humillado.
¡Miedo!
Al despertar de un sueño absurdo
con la desazón de aquel que mira
marchitarse la mentira
de una ilusión.
Apareciste en mi vida,
disfrazada de verdad,
y en la prisión de tus ojos
encerré mi libertad.
¿Para que sirvió el error
de creer en el amor
y endiosar una quimera?
Hoy me dejaste, estoy ciego,
y en la calle es primavera.
Hoy me dejaste, estoy ciego,
y en la calle es primavera.
Julio Porter
– Describe la perla por la que arriesgarías tu vida allá en lo hondo –le pedí al joven buceador de pulmones de acero.
– No sé como es esa perla –me dijo–, pero puedo describirte la muchacha a quién se la regalaría.

Ay, mi amor, sin ti no entiendo el despertar.
Ay, mi amor, sin ti mi cama es ancha.
Ay, mi amor que me desvela la verdad.
Entre tú y yo, la soledad y un manojillo de escarcha.

Siempre estará la noche, mujer,
para mirarte cara a cara,
sola en tu espejo, libre de marido,
desnuda con la exacta y terrible realidad
del gran vértigo que te destruye.
Siempre vas a tener tu noche y tu cuchillo,
y el frívolo teléfono para escuchar mi adiós
de un solo tajo.
Te juré no escribirte. Por eso estoy llamándote
en el aire para no decirte nada,
como dicen en el vacío: nada, nada,
sino lo mismo y siempre lo mismo de lo mismo
que nunca me oyes, eso que nunca me entiendes nunca
aunque las venas te arden de eso que estoy diciendo.
Gonzalo Rojas

Tu nombre
(en clave)
aparecía
en todos mis poemas.
Tuviste que adivinarlo.
Era imposible
que no lo supieras.
Era fácil saber
que fuiste la primera
en romperme el corazón.
Tan sólo pude arrancarte
un miserable beso.
Y aún me acuerdo
del primer día
que te vi.
Las palabras
no conseguirán
hacer esto
más fácil.
Te sigo
recordando.

¿Recuerdas cuando nada nos detenía?
Cuando nos creíamos dueños del mundo,
y ciertamente éramos dueños de él
Cuando todo nos interesaba,
pero nada nos preocupaba
Cuando no existía nada imposible
y por difícil que fuera lo emprendíamos,
seguros de culminarlo con éxito
y siempre lo lográbamos
Recuerdas cuando sabíamos muchas cosas
y a todos le parecían tan interesantes
que te escuchaban con mucha atención
cuando hablabas
Lo feliz que fuiste la primera vez que
tuviste un trabajo donde debías
usar paletó y corbata e ir a reuniones
Recuerdas cuando el simple hecho
de comprar un “Betamax” o almorzar
pasticho de berenjena en la Pensión de Ana
eran eventos dignos de ser recordados toda la vida
Cuando todo lo malo era insignificante
y lo bueno ocupaba casi toda nuestra vida
Cuando con una sola mirada, en un solo segundo,
nos podía cambiar la vida entera
Ultimamente he estado recordando cosas como estas.
No se me olvida Cuando mis labios
en tu albo cuello
con fiebre loca
mi bien posé;
y en los transportes
de amor excelso
no sé hasta dónde
mi alma se fue.
¿Por qué no fueron
aquellas horas
como soñé?
¿Por qué ¡ay! huyeron
y ya no pueden
jamás volver?
¿Por qué no he muerto
cuando eras mía
y yo tu dios?
¿Cómo es que vivo
si éramos uno
y hoy somos dos?

Adamastor
cuenta a los navegantes
su cuita amorosa con Tetis.
Cuando la vio
desnuda en la playa
con las demás hijas
de Nereo,
le hizo saber
por Doris
que pensaba tomarla
incluso por la fuerza;
y ella fingió avenirse,
diciendo que lo hacía
con la esperanza
de evitar así una guerra;
pero luego lo engañó
haciéndole ver
a lo lejos
una roca igual a élla,
que cuando llegó
y la abrazó,
se halló de golpe
convertido en piedra.

Vi tu cara blanca pestañeando glamorosa,
te veías tan hermosa en la pantalla de "TV".
No te recordaba tan airosa, profunda y orgullosa,
el amor no te ha dejado envejecer.
Eras un ratón entre mis manos en los tiempos
suburbanos en que pude y te besé.
Ahora veo tu estampa y no le huyo,
pero hay algo que me amarga, yo te tuve y te dejé.
Brillarás en las fiestas faranduleras,
empresarios poderosos lucharán tu corazón.
Torcerás en tu cabeza quilombera
la relación entre la guita y el amor.
Llenarán tus miembros con alhajas,
entrará por esos labios mucho alcohol.
Dormirás en la mañana la resaca
de cocaína que te regaló un buchón.
¿Quién forjó el acero de la plancha que besó
la misma seda que te envuelve cuando te vas a acostar?
¿Quién es el diariero de tu barrio? ¿Quién te rola los
cigarros? ¿Quién lustra el bronce que tocás?
Yo ya te he olvidado; yo no vivo en el pasado;
yo no creo en los rencores por las cosas del ayer.
Pero vivo solo como un paria
porque hay algo que me amarga, yo te tuve y te dejé.
(Acho Estol)

No
consigo
olvidarte
¿o
quizás
sí?

Siempre encarnada
en los recintos de la carne.
Siempre
en los carámbanos de la luz.
Siempre como arpón
en la mesa de las ilusiones.
Siempre sombra súbita
en la arenilla del amanecer.
Siempre sueño final
sin la urgencia del reloj.
Siempre una piedra
en la doctrina subterránea de la tierra.
Siempre eterna y honda. Siempre súbita e insólita.
Siempre desnuda y tenaz.
Siempre gaviota o lágrima.
Siempre todas y la misma.
Siempre todas y la misma.
Siempre...
y sin embargo,
andando
en la gracia de la vida.

en tu alma

Guárdame la noche por tu vientre
y la luna en el costado
y tu lengua que no miente
y el sabor dulce de la locura
de la hembra más desnuda
de la dama más ardiente
guárdame el licor azul del alba
y el balcón de los suspiros
por la seda de tu espalda
para volver sin respiro
ya tu boca por mi cuello
y mi mano por tu falda.
Guárdame el rincón de los aromas
y el diván de los ensueños
y los baños de azahar
y los juegos del espejo
y tu pecho y tu lunar
y tu corazón sin dueño.
Guárdame el jardín de mediodía,
la hora cálida del vino,
la penumbra de la siesta
entre tu risa y mis ganas
y tus besos y tu cama
y tus sábanas de fiesta.
Guárdame las cartas de mi suerte
el desorden de los días
tu lance de amor a muerte
y la lágrima que me diría
si no me mata tu amor
me matará no tenerte
guárdame tus pasos por mi vida
y la tarde en la mirada
y toda la mar d