Copla flamenca popular
No haces mas
que murmurarme.
Tanto como tú
me querías
y ya no quieres
ni hablarme
¡Qué mala suerte la mía!
No haces mas
que murmurarme.
Tanto como tú
me querías
y ya no quieres
ni hablarme
¡Qué mala suerte la mía!
No me quiere mi mujer.
Tampoco mi amante
En el bar de la esquina
ya no me fían las cervezas.
Del dolor de estar vivo
me quedan
demasiadas secuelas.
Recuerdo muchas veces
los días
que estábamos juntos.
El amor prohibido,
mi pareja de damas.
No tiene sentido,
pero siempre me ganan.
Volver a sus brazos
una noche de estas
Quererlas sin miedo,
amarlas perfectas
Mi amor prohibido,
la pareja de damas
No sé
si merece
la pena
siquiera
seguir consiguiendo
tus secretos
y este juego
de vana seducción
y presunciones.
Faroles de poker
evanescentes
mentiras inocentes
y sexo
que no ocurrirá.
...haber hecho el amor
tantas veces contigo
que verte ducharte
ya no me sorprendiera!
... y haber hecho el amor
tantas veces contigo
que verte ducharte
me excitara más
que la primera vez
que te vi desnuda!
... no es volver a verte todos los días a la hora del aperitivo. Ni siquiera recordar tu cuerpo desnudo, tu tatuaje secreto, esa serpiente que parecía avanzar lentamente hacia tu sexo inflamado por el deseo, tu lencería de seda azul eléctrico acariciando tus pezones erectos, tus gemidos, tus miradas...
No. No es lo peor no poder hablar de esta oculta historia, ni tener que disimular delante de los amigos, ni estar obligado a bromear con tu marido de los resultados del domingo... como si yo no estuviera pensando en ese cuerpo que se supone suyo.
Ni lo es tampoco esa tensión interior que querrá reventar mi verga desde dentro cuando te agaches a recoger el tabaco de la máquina y las nalgas marquen dos superficies perfectamente curvas bajo tu ropa. Ni tampoco es lo peor intentar olvidar a que sabía esa cueva tuya llena de jugos armónicos o cómo intentabas atraer dentro de tu boca todo mi ser en un solo trago.
No. Lo peor de todo es que todo acabó, que parece no haber ocurrido nunca, que se va convirtiendo en recuerdo poco a poco y que quizás dentro de diez años nos riamos recordando que un día fuimos amantes. Y esa risa futura me hiela el alma hoy mismo, mientras te veo sonreír encima de las sábanas, diciéndome dulcemente que esta es la última vez.
Aprender Alemán,
y correr,
y trabajar muchas horas.
Escribir cuentos
y estudiar otra carrera.
Hacer de todo
y a todas horas,
y no tener ni un minuto libre.
Sobre todo, no tener un minuto libre.
No sea que la recuerde.
No sea que recuerde que todo esto
lo hace para no acordarse de ella.
Amé su cuerpo entonces y su alma.
Su piel fue para mí la tierra firme;
la soñé como un sexto continente
no registrado en mapas todavía.
Soñé con la bahía de su boca.
Su pelo era una selva virgen
que abría su misterio mineral y oscuro.
Soñé con las ciudades de sus pechos.
Los ríos de las venas que afloran en su piel
eran rutas abiertasa la navegación y al gozo.
Se podía viajar en su mirada.
En las blancas llanuras de sus manos
yo cultivé el maíz y buenas relaciones.
Después no pude estar sino en su cercanía.
Pierde tus alas y ven
De nada servirá
seguir ocultando tu deseo.
De nada servirá tu fidelidad
ni tus promesas
De nada servirá,
pierde tus alas
y ven.
Deja de ser un ángel.
Sé una persona normal.
Ven
Fue a conciencia pura que perdí tu amor.
nada más que por salvarte.
Hoy me odias y yo, feliz,
me arrincono pa llorarte.
El recuerdo que tendrás de mí
será horroroso.
Me verás siempre golpeándote
como a un malvao;
y si supieras bien qué generoso
fue que pagase así tu gran amor...
¡Sol de mi vida!...
fui un fracasao,
y en mi caída busqué echarte a un lao.
porque te quise tanto, tanto...
que al rodar para salvarte
sólo supe hacerme odiar.
Hoy, después de un año atroz,
te vi pasar. Me mordí pa no llamarte.
Ibas linda como un sol;
se paraban a mirarte.
Yo no sé si el que te tiene así
se lo merece.
Sólo sé que la miseria cruel
que te ofrecí
me justifica, al verte hecha una reina,
que vivirás mejor lejos de mí.
¡Sol de mi vida!...
fui un fracasao,
y en mi caída busqué echarte a un lao.
porque te quise tanto, tanto...
que al rodar para salvarte
sólo supe hacerme odiar.
Enrique Santos Discépolo/Luis C. Amadori
que te tengo
en marcación directa
en mi móvil
y no te llamo nunca
que he estado
en esa isla
con la que soñamos
y no te recordé
que he olvidado
el olor de tu sexo
el sabor de tu saliva
el color de tus ojos
que pensé
que me moriría
si te ibas
y me sigo yendo
que te sigo
queriendo
que te sigo
echando de menos
Te recuerdo claramente en el Chelsea Hotel,
hablabas tan segura y tan dulcemente,
mamándomela sobre una cama deshecha
mientras en la calle te esperaba la limusina.
Esas eran las razones y ésa fue Nueva York,
nos movíamos por el dinero y la carne
y a eso lo llamaban amor, los del oficio,
probablemente, aún lo es para los que quedan.
Pero te fuiste, ¿verdad, nena?
Sólo le diste la espalda a la gente
y te alejaste, ya nunca volví a oírte decir:
Te necesito, no te necesito, te necesito, no te necesito,
mientras todos te bailaban alrededor.
Te recuerdo claramente en el Hotel Chelsea.
Ya eras famosa, tu corazón era una leyenda.
Volviste a decirme que preferías hombres bien parecidos
pero que por mí harías una excepción.
Y cerrando el puño por los que como nosotros
están oprimidos por los cánones de belleza,
te arreglaste un poco y dijiste: No importa,
somos feos, pero tenemos la música.
Y entonces te fuiste, ¿no es así, tía?
Simplemente, diste la espalda a la gente
y te alejaste, ya nunca volví a oírte decir:
Te necesito, no te necesito, te necesito, no te necesito,
coreándote todos alrededor.
Y no pretendo sugerir que yo te amara mejor
No puedo llevar la cuenta de cada pájaro que cazaste.
Te recuerdo claramente en el Hotel Chelsea.
Eso es todo, no pienso en ti muy a menudo.
Te digo adiós y acaso, te quiero todavía.
Quizá no he de olvidarte, pero te digo adiós.
No sé si me quisiste... No sé si te quería...
O tal vez nos quisimos demasiado los dos.
Este cariño triste, y apasionado, y loco,
me lo sembré en el alma para quererte a tí
No sé si te amé mucho...No sé si te amé poco.
Pero sí sé que nunca volveré a amarte así.
Me queda tu sonrisa dormida en mi recuerdo,
y el corazón me dice que no te olvidaré;
pero al quedarme solo; sabiendo que te pierdo,
tal vez empiezo a amarte como jamás te amé.
Te digo adiós y acaso en esta despedida
mi más hermoso sueño muere dentro de mí...
Pero te digo adiós para toda la vida,
aunque toda la vida siga pensando en ti.
De todas las valentías
que el coraje supo darme
confieso mi cobardía,
nunca quise enamorarme.
Tuve miedo al metejón
que pagaran con traición
la fe que se da por nada.
No quise que al corazón
le hicieran falsa jugada.
¡Miedo! Tuve miedo de encontrarla,
¡Miedo! De rendirme o de llorarla,
¡Miedo! De entregarme maniatado,
implorante y humillado.
¡Miedo!
Al despertar de un sueño absurdo
con la desazón de aquel que mira
marchitarse la mentira
de una ilusión.
Apareciste en mi vida,
disfrazada de verdad,
y en la prisión de tus ojos
encerré mi libertad.
¿Para que sirvió el error
de creer en el amor
y endiosar una quimera?
Hoy me dejaste, estoy ciego,
y en la calle es primavera.
Hoy me dejaste, estoy ciego,
y en la calle es primavera.
Julio Porter
Describe la perla por la que arriesgarías tu vida allá en lo hondo le pedí al joven buceador de pulmones de acero.
No sé como es esa perla me dijo, pero puedo describirte la muchacha a quién se la regalaría.
Ay, mi amor, sin ti no entiendo el despertar.
Ay, mi amor, sin ti mi cama es ancha.
Ay, mi amor que me desvela la verdad.
Entre tú y yo, la soledad y un manojillo de escarcha.
Siempre estará la noche, mujer,
para mirarte cara a cara,
sola en tu espejo, libre de marido,
desnuda con la exacta y terrible realidad
del gran vértigo que te destruye.
Siempre vas a tener tu noche y tu cuchillo,
y el frívolo teléfono para escuchar mi adiós
de un solo tajo.
Te juré no escribirte. Por eso estoy llamándote
en el aire para no decirte nada,
como dicen en el vacío: nada, nada,
sino lo mismo y siempre lo mismo de lo mismo
que nunca me oyes, eso que nunca me entiendes nunca
aunque las venas te arden de eso que estoy diciendo.
Gonzalo Rojas
Tu nombre
(en clave)
aparecía
en todos mis poemas.
Tuviste que adivinarlo.
Era imposible
que no lo supieras.
Era fácil saber
que fuiste la primera
en romperme el corazón.
Tan sólo pude arrancarte
un miserable beso.
Y aún me acuerdo
del primer día
que te vi.
Las palabras
no conseguirán
hacer esto
más fácil.
Te sigo
recordando.
¿Recuerdas cuando nada nos detenía?
Cuando nos creíamos dueños del mundo,
y ciertamente éramos dueños de él
Cuando todo nos interesaba,
pero nada nos preocupaba
Cuando no existía nada imposible
y por difícil que fuera lo emprendíamos,
seguros de culminarlo con éxito
y siempre lo lográbamos
Recuerdas cuando sabíamos muchas cosas
y a todos le parecían tan interesantes
que te escuchaban con mucha atención
cuando hablabas
Lo feliz que fuiste la primera vez que
tuviste un trabajo donde debías
usar paletó y corbata e ir a reuniones
Recuerdas cuando el simple hecho
de comprar un Betamax o almorzar
pasticho de berenjena en la Pensión de Ana
eran eventos dignos de ser recordados toda la vida
Cuando todo lo malo era insignificante
y lo bueno ocupaba casi toda nuestra vida
Cuando con una sola mirada, en un solo segundo,
nos podía cambiar la vida entera
Ultimamente he estado recordando cosas como estas.
No se me olvida Cuando mis labios
en tu albo cuello
con fiebre loca
mi bien posé;
y en los transportes
de amor excelso
no sé hasta dónde
mi alma se fue.
¿Por qué no fueron
aquellas horas
como soñé?
¿Por qué ¡ay! huyeron
y ya no pueden
jamás volver?
¿Por qué no he muerto
cuando eras mía
y yo tu dios?
¿Cómo es que vivo
si éramos uno
y hoy somos dos?