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Jamás lo vas a saber

Me despertó el sonido de la ducha.

Me despertó el sonido de la ducha.

Poco después la oí andar descalza por el dormitorio.
Yo seguí tumbado boca abajo, desnudo,
con la cabeza hundida en la almohada para evitar la luz del amanecer
que ya empezaba a entra por el ventanal.
Intuí que se inclinaba sobre mí.
Unas gotas de su pelo húmedo
cayeron sobre mi espalda.

"Quédate así", me dijo, "no te muevas".

Su cuerpo se amoldó al mío.
Aún estaba mojada.
Me hizo extender los brazos y los muslos,
como si fuera a crucificarme,
y se pegó aún más a mí.
Me mordió el cuello y los hombros
hasta casi hacerme daño y me susurró de nuevo
"no digas nada, no te muevas".

Ella sí se movía.
Frotaba su pubis contra mi culo,
buscando la dureza del coxis, follándome.

Carver

Carver

La habitación está un poco más oscura cuando Iris sale del baño envuelta en una bata blanca abierta. Saca el taburete de debajo del tocador y se sienta frente al espejo. Coge con la mano derecha el cepillo blanco de plástico y comienza a peinarse con movimientos rápidos y rítmicos provocando un leve chasquido. Sujeta con la mano izquierda el cabello sobre uno de los hombros y realiza los largos, rápidos y rítmicos movimientos con la mano derecha. Se detiene un instante y enciende la lamparilla del espejo. Farrell coge una revista de fotos del aparador que está al lado del sofá y se estira para encender la lámpara golpeando sin querer el pergamino de la pantalla al buscar la cadenilla. La lámpara está unos centímetros por encima de su hombro derecho y la pantalla marrón cruje cuando la toca.

Afuera está oscuro y el aire huele a lluvia. Iris le pregunta si cerró la ventana. Mira hacia la ventana, luego al espejo, ve su propio reflejo y detrás a Iris observándole sentada frente al tocador, con otro Farrell más borroso mirando fijamente desde la ventana que ella tiene al lado. Tiene que llamar a Frank para confirmar que salen de caza mañana por la mañana.

Pasa las páginas. El cepillo se tambalea sobre la superficie del vestidor.

El verano paciente - Bandabardò

El verano paciente - Bandabardò

Estaba la feria allí fuera en la ciudad
Para festejar el regreso del sol...
Lola en persona vendía pop corn
Lola en persona vendía pop corn.

Todos mirándole el culo
Y pensando: “¿Cómo será?”
Y las otras mujeres susurran maliciosidades
Había mucho polvo allí fuera en la ciudad
Y ninguno pasaba por casualidad por allá

... pero el verano paciente venía igualmente,
el verano paciente venía igualmente...

Se rondaba a Lola: “¿Por qué no te casas con todos nosotros?
¿Todos nosotros que te amamos comiendo pop corn?”
Hasta el día en que Lola encontró alguna cosa en alguien:
un tal Giuseppe más feo que nosotros

... pero el verano paciente regresa igualmente,
el verano paciente regresa igualmente...

BANDABARDO’ – L’estate paziente

BANDABARDO’ – L’estate paziente

C’era la fiera lì
fuori in città
per festeggiare
il ritorno del sole
Lola in persona
vendeva pop corn
Tutti a guardarle il culo
e a pensare: "Come sarà?"

E le altre donne
sussurrano malignità
C’era molta polvere
lì fuori in città
e nessuno passava per caso di là
... ma l’estate paziente veniva lo stesso.

Si cantava per Lola: "Perché non ci sposi tutti?
Tutti noi che ti amiamo mangiando pop corn?"
Fino al giorno in cui Lola
trovò qualcosa in qualcuno:
Un tale Giuseppe più brutto di noi

... ma l’estate paziente
ritorna lo stesso

Os Luisiadas

Os Luisiadas

Adamastor
cuenta a los navegantes
su cuita amorosa con Tetis,
cuando la vio desnuda en la playa
con las demás hijas de Nereo,
le hizo saber por Doris
que pensaba tomarla
incluso por la fuerza;
y ella fingió avenirse,
diciendo que lo hacía
con la esperanza
de evitar así una guerra;
pero luego lo engañó
haciéndole ver a lo lejos
una roca igual a élla,
que cuando llegó y la abrazó,
se halló de golpe
convertido en piedra.

Drexler dixit

Drexler dixit

Antes de mí tú no eras tú,
antes de tí yo no era yo.
Antes de ser nosotros dos
no había ninguno de los dos,
no había ninguno de los dos.

Antes de ser parte de mí,
antes de darte a conocer,
tú no eras tú y yo no era yo,
parece que fuera antes de ayer.

Antes que nada
yo quiero aclarar
que no es que estuviera tampoco pasándolo mal antes.

Pero algo de mí, yo no supe ver
hasta que no me lo mostró,
algo de tí, que quiero creer
que no vio nadie antes que yo,
que nadie vio antes que yo

Después de todo
lo que quiero es decir
que no entiendo como podía vivir antes,
no entiendo como podía vivir antes
no entiendo como podía vivir.

Antes de irme
yo debo decir:
yo también pensaba que era feliz
No entiendo como podía vivir antes.

Benedetti dixit

Benedetti dixit

Mi táctica es
.
mirarte
aprender como sos
quererte como sos
.
mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible
.
mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos
.
mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
.
no haya telón
ni abismos
.
mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple
mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites

Marco Aurelio

Marco Aurelio

Todo tiene su gracia, sólo hay que saber ver:
las grietas del pan cocido lo hacen más apetitoso;
los higos se abren cuando están bien maduros;
las aceitunas que maduran en los olivos,
próximas a pudrirse, tienen una singular belleza.

Así, examinadas aisladamente,
carecen de belleza las espigas dobladas,
la melena del león, la espuma en la boca de los jabalíes
y tantas otras cosas.
Pero se vuelven bellas y atractivas
viendo su lugar en los procesos naturales.
Todo tiene encanto para quién,
con sensibilidad e inteligencia,
puede captar el conjunto.

Verá con tanto gusto las reales fauces de las fieras
como su reproducción por los mejores artistas.

Incluso en los viejos encontrará fresca perfección
y un amable encanto en los niños.

Y otras muchas cosas que nunca verá un ignorante.

Meditaciones, III 2

Rosa, Rosario

Rosa, Rosario

En la esquina, ya finalizando mi compra, me espera Rosario, una gitana muy zalamera que siempre intenta colarme un par de rosas de esas de las 7 de la tarde de ayer. Y me mima con sus palabras, con sus ojos canela y sus arrugas como olas que vibran en su cara.

¡Ole Guapo!, ¿con qué vas a acompañar este romero el día de hoy!?... francesillas, geranios, violetas, liliums, rosas... tengo para toda tu casa.

Entonces, como mejor sé, intento parecer experto en esto de elegir flores y voy preguntando y respondiendo a mi gitana hermosa. Porque Rosario es de las de preguntar más que de responder. Y siempre me pilla desprevenido y termino con la sensación de que me ha dado gato por liebre. Pero de camino a casa el aroma del ramo me deja de buen humor.

Un día, Rosario, entre prisas y ronroneos más propios de un gato que de una liebre se dejó olvidado dentro del ramo sus tijeras de cortar tallos. Una herramienta vieja y desgastada que apareció por sorpresa entre seis rosas rojas y seis amarillas, simulando ser un bicho inerte y desorientado.

Entre risas y sorpresa le devolví las tijeras el sábado siguiente, ante lo que sin dudar ni un poco me contesto: "Anda, Guapo si siempre te sale más barato comprarle a la Rosario..."

Y me regaló las tijeras

(Un gesto más práctico que noble, porque ella tenía otras nuevas)

SP1C4*

¡Cómo me gustaría...

¡Cómo me gustaría...

...haber hecho el amor
tantas veces contigo
que verte ducharte
ya no me sorprendiera!


... y haber hecho el amor
tantas veces contigo
que verte ducharte
me excitara más
que la primera vez
que te vi desnuda!

Leonard Cohen

Leonard Cohen

Intenté convencerla toda la noche,
como tantas otras noches,
diciéndole:

Me des lo que me des,
siempre necesito mucho más
.

Ella me apuntó
mientras me arrodillaba,
y contestó:

no intentes usarme
o rechazarme tímidamente
sólo gáname o piérdeme
para esto sirve la Oscuridad
.

Dando caña

Dando caña

Si juegas a quererme, yo juego a que
te creas que te quiero, buscando una
coartada me das una pasión
que yo no espero, y no me importa nada
tu juegas a engañarme, yo juego a
que te creas que te creo, escucho tus
bobadas acerca del amor y del
deseo, y no me importa nada,
nada, que rías o que sueñes, que digas
o que hagas, y no me importa
nada, por mucho que te empeñes estoy
jugando y no me importa nada... Si juegas
a tenerme yo juego a que
te creas que me tienes; serena y
confiada, invento las palabras que te
hieren, y no me importa nada
tu juegas a olvidarme, yo juego a que
te creas que me importas, conozco la
jugada, sé manejarme en las distancias
cortas, y no me importa nada,
nada, que rías o que sueñes, que digas
o que hagas, y no me importa nada, por mucho
que te empeñes, que digas o que hagas, y no me importa nada...
Y no me importa nada, que rías o que
sueñes, que digas o que hagas, y no me importa nada, que tomes o que
dejes, que vengas o que vayas, y no me importa nada
que subas o que bajes, que entres o que salgas, y no me importa nada...

Neruda dixit

Neruda dixit

Cuando no puedo
mirar tu cara
miro tus pies.

Tus pies de hueso arqueado,
tus pequeños pies duros.

Yo sé que te sostienen,
y que tu dulce peso
sobre ellos se levanta.

Tu cintura y tus pechos,
la duplicada púrpura
de tus pezones,
la caja de tus ojos
que recién han volado,
tu ancha boca de fruta,
tu cabellera roja,
pequeña torre mía.

Pero no amo tus pies
sino porque anduvieron
sobre la tierra y sobre
el viento y sobre el agua,
hasta que me encontraron.

Nadie me ata

Nadie me ata


Me siento soñador, tengo la idea
revuelta de proyectos que me espantan...
Mi casa es casi el cielo, una azotea,
y vivo como quiero, a la marchanta...

Mi vida se ha incendiado de bohemia
con un color rayano en inquietud,
mis versos son el pan, el pan que premia
tanta desolación y juventud...

Bohemio,
siento el placer más perverso
en comentar con mi verso
lo que callo a la amistad...
Bohemio,
nadie me ata y me mantengo
con la renta que no tengo
y que no tendré jamás...

Mi vida
nunca usó del acomodo
y si siempre empino el codo
lo hago siempre... pa' variar...
pues creo
que es peor, pero más bello
que ponerlo a todo el sello:
moneda curso legal...

Yo sé del vil ensueño y la quimera
porque a cada momento los encuentro...
Lo malo es que me gozo por adentro
con cosas que practico por afuera...

Salí con la linterna y la apagaron,
la apagó la mujer de mi ansiedad,
y dicen que ando a oscuras, más la erraron,
yo sé que me ilumina la verdad...

Lo peor de todo...

Lo peor de todo...

... no es volver a verte todos los días a la hora del aperitivo. Ni siquiera recordar tu cuerpo desnudo, tu tatuaje secreto, esa serpiente que parecía avanzar lentamente hacia tu sexo inflamado por el deseo, tu lencería de seda azul eléctrico acariciando tus pezones erectos, tus gemidos, tus miradas...

No. No es lo peor no poder hablar de esta oculta historia, ni tener que disimular delante de los amigos, ni estar obligado a bromear con tu marido de los resultados del domingo... como si yo no estuviera pensando en ese cuerpo que se supone suyo.

Ni lo es tampoco esa tensión interior que querrá reventar mi verga desde dentro cuando te agaches a recoger el tabaco de la máquina y las nalgas marquen dos superficies perfectamente curvas bajo tu ropa. Ni tampoco es lo peor intentar olvidar a que sabía esa cueva tuya llena de jugos armónicos o cómo intentabas atraer dentro de tu boca todo mi ser en un solo trago.

No. Lo peor de todo es que todo acabó, que parece no haber ocurrido nunca, que se va convirtiendo en recuerdo poco a poco y que quizás dentro de diez años nos riamos recordando que un día fuimos amantes. Y esa risa futura me hiela el alma hoy mismo, mientras te veo sonreír encima de las sábanas, diciéndome dulcemente que esta es la última vez.

Aprender alemán

9440oredpalyboy.jpgAprender Alemán,
y correr,
y trabajar muchas horas.

Escribir cuentos
y estudiar otra carrera.

Hacer de todo
y a todas horas,
y no tener ni un minuto libre.

Sobre todo, no tener un minuto libre.

No sea que la recuerde.
No sea que recuerde que todo esto
lo hace para no acordarse de ella.

Jose F. Navarro

Cincuenta mil

Cincuenta mil

Cien veces quinientos,
cincuenta veces mil,
más besos tú dame,
lectora gentil,
que flores criadas
en Mayo y Abril
por aguas traídas
de Darro y Genil.

- ¡Qué mucho demandas!
- Que poco pedí,
pues todas las veces
viniste hasta mí.

- ¿Bástate un beso?
- ¡Ni cincuenta mil!
Que sigas viniendo
te quiero pedir.

Soneto para amadas meteorológicas - (L.G.)

Soneto para amadas meteorológicas - (L.G.)

Hay una sola palabra: primavera,
Pero no hay una sola primavera.
Yo conozco dos.
Necesitamos dos palabras para las dos primaveras.
Una primavera fría,
Esquiva,
Primavera que muestra pero no da.
Beatrice, Dark Lady, Laura, Stella, Elisa,
De blanco cuello blanco que no puedes besar.
Primavera de escalofrío y lluvia,
Una flor al día.
Cada tierno brote una semana de anhelo,
Cielos azules que prometen brisa suave
Pero engañan.
Cuatro meses de súplica y diez días de calor,
Conozco primaveras (¿o eran mujeres?) así.
Y otra primavera ardiente,
Colores que estallan,
Toda entregada entera,
Flores y fruta y luz,
De golpe.
Y de repente te trae el verano,
Ahogo, sofoco, bochorno, treinta y siete grados,
Exigencias.
Te dio placer y te hará sudar.
Conozco primaveras (¿o eran mujeres?) así.

Callejera

Callejera

Cuando apurada pasás
rumbo quién sabe a qué parte,
haciendo lucir con arte
tu silueta al caminar,
va diciendo ese taquear
que tenés de milonguera:
"Callejera... Calle]era...
¿a dónde irás a parar?"

Esos trajes que empilchás
no concuerdan con tu cuna,
pobre mina pelandruna
hecha de seda y percal.
En fina copa e’ cristal
hoy tomás ricos licores,
y entre tantos resplandores
se encandiló tu arrabal.

Callejera,
que taqueás de Sur a Norte,
dando dique con el corte
de ese empilche que llevás.
Callejera,
vos también sos Milonguita
y en el fondo de tu almita
una pena sepultás.

Triunfa tu gracia, yo sé,
y en los fondines nocheros
sos de los muebles diqueros
el que da más relumbrón.
Despilfarrás tentación,
pero también, callejera,
cuando estés vieja y fulera
tendrás muerto el corazón.

Seguí nomás, deslizá
tus abriles por la vida,
fascinada y engrupida
por las luces del Pigall,
que cuando empiece a tallar
el invierno de tu vida
notarás arrepentida
que has vivido un carnaval.

De Otto Raúl González

De Otto Raúl González

Amé su cuerpo entonces y su alma.

Su piel fue para mí la tierra firme;
la soñé como un sexto continente
no registrado en mapas todavía.

Soñé con la bahía de su boca.
Su pelo era una selva virgen
que abría su misterio mineral y oscuro.

Soñé con las ciudades de sus pechos.
Los ríos de las venas que afloran en su piel
eran rutas abiertasa la navegación y al gozo.
Se podía viajar en su mirada.

En las blancas llanuras de sus manos
yo cultivé el maíz y buenas relaciones.

Después no pude estar sino en su cercanía.