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Jamás lo vas a saber

LA CAMARADA

LA CAMARADA

Julio Cortázar,
Salvo el crepúsculo

Claro que sos mi camarada
porque sos más,
sos siempre más.
Hay una ruta en común, el horizonte
dibujado con lápiz de esperanza,
hay la amargura del fracaso
a la hora en que los hornos no se encienden
y hay que palear de nuevo
el carbón del mañana.

Claro que sos mi camarada
porque sos la que dice no, te equivocaste,
o dice sí, está bien, vayamos.
Y porque en vos se siente
que esa palabra es una
lenta, feliz, necesaria palabra:
hay cama en camarada,
y en camarada hay rada,
tu perfume en mis brazos,
tu barca anclada al lado de la mía.

Permíteme que insista

Permíteme que insista

Pierde tus alas y ven

De nada servirá
seguir ocultando tu deseo.
De nada servirá tu fidelidad
ni tus promesas

De nada servirá,
pierde tus alas
y ven.

Deja de ser un ángel.
Sé una persona normal.
Ven

Confesión

Confesión

Fue a conciencia pura que perdí tu amor.
nada más que por salvarte.
Hoy me odias y yo, feliz,
me arrincono pa’ llorarte.

El recuerdo que tendrás de mí
será horroroso.
Me verás siempre golpeándote
como a un malvao;
y si supieras bien qué generoso
fue que pagase así tu gran amor...

¡Sol de mi vida!...
fui un fracasao,
y en mi caída busqué echarte a un lao.
porque te quise tanto, tanto...
que al rodar para salvarte
sólo supe hacerme odiar.

Hoy, después de un año atroz,
te vi pasar. Me mordí pa’ no llamarte.
Ibas linda como un sol;
se paraban a mirarte.

Yo no sé si el que te tiene así
se lo merece.
Sólo sé que la miseria cruel
que te ofrecí
me justifica, al verte hecha una reina,
que vivirás mejor lejos de mí.

¡Sol de mi vida!...
fui un fracasao,
y en mi caída busqué echarte a un lao.
porque te quise tanto, tanto...
que al rodar para salvarte
sólo supe hacerme odiar.

Enrique Santos Discépolo/Luis C. Amadori

Mírame

Mírame

El ojo que tu ves
no es ojo porque lo veas
es ojo porque te ve

Si tienes webcam puedes sacarte una foto en la columna de la derecha.
Muéstranos lo mejor de ti

Y pensar

Y pensar

que te tengo
en marcación directa
en mi móvil
y no te llamo nunca

que he estado
en esa isla
con la que soñamos
y no te recordé

que he olvidado
el olor de tu sexo
el sabor de tu saliva
el color de tus ojos

que pensé
que me moriría
si te ibas
y me sigo yendo

que te sigo
queriendo
que te sigo
echando de menos

Benedetti, de nuevo

Benedetti, de nuevo

y aunque no siempre he entendido
mis culpas y mis fracasos
en cambio sé que en tus brazos
el mundo tiene sentido

y si beso la osadía
y el misterio de tus labios
no habrá dudas ni resabios
te querré más
todavía.

Pesadillas

Pesadillas

No inferiores a ti
en dignidad ni en orgullo,
pero tampoco superiores.

Herederas de tus sueños
(o de los míos).

Descansando en tardes
grises
y trabajando en días
largos.

Mientras languidece
aquella
que tras una noche de amor
desaforado
tras muchos años,
acurrucada,
se desvela por el frío
de una cama solitaria.

Hotel Chelsea (Leonard Cohen)

Hotel Chelsea (Leonard Cohen)

Te recuerdo claramente en el Chelsea Hotel,
hablabas tan segura y tan dulcemente,
mamándomela sobre una cama deshecha
mientras en la calle te esperaba la limusina.

Esas eran las razones y ésa fue Nueva York,
nos movíamos por el dinero y la carne
y a eso lo llamaban amor, los del oficio,
probablemente, aún lo es para los que quedan.

Pero te fuiste, ¿verdad, nena?
Sólo le diste la espalda a la gente
y te alejaste, ya nunca volví a oírte decir:
Te necesito, no te necesito, te necesito, no te necesito,
mientras todos te bailaban alrededor.

Te recuerdo claramente en el Hotel Chelsea.
Ya eras famosa, tu corazón era una leyenda.
Volviste a decirme que preferías hombres bien parecidos
pero que por mí harías una excepción.

Y cerrando el puño por los que como nosotros
están oprimidos por los cánones de belleza,
te arreglaste un poco y dijiste: No importa,
somos feos, pero tenemos la música
.

Y entonces te fuiste, ¿no es así, tía?
Simplemente, diste la espalda a la gente
y te alejaste, ya nunca volví a oírte decir:
Te necesito, no te necesito, te necesito, no te necesito,
coreándote todos alrededor.

Y no pretendo sugerir que yo te amara mejor
No puedo llevar la cuenta de cada pájaro que cazaste.
Te recuerdo claramente en el Hotel Chelsea.
Eso es todo, no pienso en ti muy a menudo.

Diferencias de edad

Diferencias de edad

Me adora: esa es la palabra: me siento ADORADA por él.

Me muerde, me lame, me besa, me mira de una manera que hace que me corra a cada caricia. Y no es palabreria: Nunca me he corrido tantas veces y tan seguidas con nadie.

No es guapo. Pero tiene muy buen cuerpo. Me gana. Nunca lo hubiera imaginado.

No se queda dormido, tiene la energía de un adolescente en celo.

No caben preguntas. Cualquier duda que surja tiene que tratarse antes de encontrarnos.

Me encanta su polla. Tiene el tamaño perfecto para entrar y salir de mi coño rozando todos mis pliegues internos y provocandome arrebatadores orgasmos.

Me encanta: cuando se la como llega perfectamente a mi campanilla, sin forzarla... mmm.

La adoro: cuando me penetra el culo como nadie lo ha hecho jamás y derritiendome.

Me gusta como muerde mis pezones con sus dientes, dejándome dolorida una semana entera.

Podría ser mi padre, y me encanta follar con él

Cuando nadie me ve

Decisión tomada

Decisión tomada


Te digo adiós y acaso, te quiero todavía.
Quizá no he de olvidarte, pero te digo adiós.
No sé si me quisiste... No sé si te quería...
O tal vez nos quisimos demasiado los dos.

Este cariño triste, y apasionado, y loco,
me lo sembré en el alma para quererte a tí
No sé si te amé mucho...No sé si te amé poco.
Pero sí sé que nunca volveré a amarte así.

Me queda tu sonrisa dormida en mi recuerdo,
y el corazón me dice que no te olvidaré;
pero al quedarme solo; sabiendo que te pierdo,
tal vez empiezo a amarte como jamás te amé.

Te digo adiós y acaso en esta despedida
mi más hermoso sueño muere dentro de ...
Pero te digo adiós para toda la vida,
aunque toda la vida siga pensando en ti.

Miedo

Miedo

De todas las valentías
que el coraje supo darme
confieso mi cobardía,
nunca quise enamorarme.

Tuve miedo al metejón
que pagaran con traición
la fe que se da por nada.

No quise que al corazón
le hicieran falsa jugada.

¡Miedo! Tuve miedo de encontrarla,
¡Miedo! De rendirme o de llorarla,
¡Miedo! De entregarme maniatado,
implorante y humillado.

¡Miedo!
Al despertar de un sueño absurdo
con la desazón de aquel que mira
marchitarse la mentira
de una ilusión.

Apareciste en mi vida,
disfrazada de verdad,
y en la prisión de tus ojos
encerré mi libertad.

¿Para que sirvió el error
de creer en el amor
y endiosar una quimera?

Hoy me dejaste, estoy ciego,
y en la calle es primavera.
Hoy me dejaste, estoy ciego,
y en la calle es primavera.

Julio Porter

Alanís lo dijo mejor

Alanís lo dijo mejor

Quiero que sepas, que estoy feliz por ti.
No deseo nada, sino bien para ustedes dos.

Una versión vieja de mí.
¿es pervertida como yo?
¿Te lo chuparía en un teatro?
¿habla elocuentemente?
¿tendría tu hijo?
Estoy segura que sería una excelente madre.

Pareces estar muy bien,
las cosas se ven pacíficas.

Yo no estoy nada bien,
pensé que deberías saberlo.
¿Te olvidaste de mi, Sr. Contradicción?
Odio molestarte en medio de tu cena.

Fue una cachetada en el rostro,
lo rápido que me remplazaste.
¿Piensas en mí mientras te la follas?

De Silenciosa y Mortal

Mujeres

Hay mujeres que arrastran maletas cargadas de lluvia,
hay mujeres que nunca reciben postales de amor,
hay mujeres que sueñan con trenes llenos de soldados,
hay mujeres que dicen que sí cuando dicen que no.

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Hay mujeres que bailan desnudas en cárceles de oro,
hay mujeres que buscan deseo y encuentran piedad,
hay mujeres atadas de manos y pies al olvido,
hay mujeres que huyen perseguidas por su soledad.

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Hay mujeres veneno, mujeres imán,
hay mujeres consuelo, mujeres puñal,
hay mujeres de fuego,
hay mujeres de hielo,
mujeres fatal,
mujeres fatal.

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Hay mujeres que tocan y curan, que besan y matan,
hay mujeres que ni cuando mienten dicen la verdad,
hay mujeres que abren agujeros negros en el alma,
hay mujeres que empiezan la guerra firmando la paz.

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Hay mujeres envueltas en pieles sin cuerpo debajo,
hay mujeres en cuyas caderas no se pone el sol,
hay mujeres que van al amor como van al trabajo,
hay mujeres capaces de hacerme perder la razón.

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Hay mujeres veneno, mujeres imán,
hay mujeres consuelo, mujeres puñal,
hay mujeres de fuego,
hay mujeres de hielo,
mujeres fatal,
mujeres fatal.

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Hay mujeres que compran a plazos un nicho en el cielo,
hay mujeres que cambian abrazos por ramos de azahar.

Hay mujeres veneno, mujeres imán,
hay mujeres consuelo, mujeres puñal,
hay mujeres de fuego,
hay mujeres de hielo,
mujeres fatal,
mujeres fatal...

Joaquín Sabina

Posturas

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Al haberme concedido la fausta ocasión de encontrarte,
he entrado ahora a los aposentos de tus esposas.

Aunque mi amor anhela el primer encuentro,
Temo, como si estuviera por tocar agua caliente.

No poseo talento alguno, pero agotaré toda mi capacidad,
para cumplir con los deberes de una esposa:
cuidaré con esmero las vituallas
y con obediencia ayudaré en los sacrificios ancestrales.

En mis pensamientos anhelo ser la estera de tu cama
para cubrir tu lecho cuadrado.
Quisiera convertirme en cubrecama y dosel de seda,
para protegerte del frío y de las corrientes de aire.

He limpiado la almohada y la estera de tu lecho,
y he llenado el incensario con incienso exquisito.
Cerremos el doble cancel con su candado de oro,
Encendamos la lámpara para que inunde con su luz la habitación.
Me quito mis ropajes y remuevo el polvo y la pintura,
y despliego el rollo de imágenes que está al lado de la almohada.

Tomaré por instructora a la Joven Sencilla,
para que podamos practicar abigarradas posturas,
aquéllas que un marido común haya visto pocas veces,
aquéllas que T’ien lao enseñó al Emperador Amarillo.
Ningún gozo podrá compararse con los placeres de esta primera noche,
Que serán inolvidables, aunque hayamos alcanzado la vejez.

Chang Hen (78-139)

Tiburones

Tiburones


Ardiendo como estoy, solo atino a suplicar
Devórame
sin barreras hazme de ti.
Explórame,
junta tu cuerpo con el mío.
Incítame
toma mis labios.
Provócame
desnudémonos despacio,
toma tu tiempo.
Desliza las yemas de tus dedos
por valles planicies y veredas.
Río abajo
el placer te espera.
La flor de carne que es mi sexo,
roja y palpitante se ofrece para ti.
Deshójala despacio.
No te sacies
como un buen plato
devórame siempre.
Apenas rozando con tu lengua
o con leves mordisquitos
Mas comes mas apetito sientes.
Dame tu deseo tus delirios
Grita, gime conmigo
Devórame devórame devórame............

Sexo

Sexo

Hay sexo en la mirada,
que se hace con la mirada,
en la boca, en todo el cuerpo.

Hay sexo en el silencio,
o gritando, en la oscuridad,
o a plena luz del día.

Hay sexo con tu mismo sexo
y sexo con el otro sexo.
Hay sexo que se come,
sexo que se bebe,
sexo que se espera y no llega,
sexo que se desea
y sexo que se aborrece,
sexo que nos hace daño
y sexo que nos sana,
sexo que se llora
y sexo que da risa,
sexo sobresaliente
y sexo que no tiene importancia...

Hay hasta sexo virtual y sexo en solitario...
pero sobre todo es eso,
sexo, sólo sexo y nada más (y nada menos).

Después está el amor
pero eso es otra historia
que nada tiene que ver...

La mujer adúltera (Helena Corbellini)

La mujer adúltera (Helena Corbellini)

La ciudad, en invierno, le pareció menos aburrida que otras veces.
Sería porque él estaba allí, entre esos miles que se movían por calles que el tiempo no había tocado: los mismos plátanos de troncos grises, las marquesinas desaforadas colgando sobre 18 de Julio, la rambla atormentada por un viento que nunca cesa.

- ¿Te gusta mi ciudad?
- No.

La primera vez la miró desilusionado, después se lo preguntaba para reírse.

-¿Te gusto yo?
-Tampoco.
-¿Y hacer el amor conmigo?
-Menos.

Isabel le besaba los lunares, eran cinco, que trazaban una línea recta por la espalda, desde la cintura hasta el cuello.

Fuimos (Manzi)

Fuimos (Manzi)

Fui como una lluvia de cenizas y fatigas
en las horas resignadas de tu vida...
Gota de vinagre derramada, fatalmente derramada,
sobre todas tus heridas.
Fuiste por mi culpa golondrina entre la nieve
rosa marchitada por la nube que no llueve.
Fuimos la esperanza que no llega, que no alcanza
que no puede vislumbrar su tarde mansa.
Fuimos el viajero que no implora, que no reza,
que no llora, que se echó a morir.

Una Perla

– Describe la perla por la que arriesgarías tu vida allá en lo hondo –le pedí al joven buceador de pulmones de acero.
– No sé como es esa perla –me dijo–, pero puedo describirte la muchacha a quién se la regalaría.

Católica

Católica

Rubia,
altiva,
de ojos claros,
risueña,
temperamental.

Reina
(católica)
de mis noches.

Flor de pecado.

Sin remordimientos.