No cambiaría nada
por una hora en tu cama.
O quizás
sí
que cambiaría
todo.
Por una hora en tu cama.
por una hora en tu cama.
O quizás
sí
que cambiaría
todo.
Por una hora en tu cama.
No
consigo
olvidarte
¿o
quizás
sí?
Siempre encarnada
en los recintos de la carne.
Siempre
en los carámbanos de la luz.
Siempre como arpón
en la mesa de las ilusiones.
Siempre sombra súbita
en la arenilla del amanecer.
Siempre sueño final
sin la urgencia del reloj.
Siempre una piedra
en la doctrina subterránea de la tierra.
Siempre eterna y honda. Siempre súbita e insólita.
Siempre desnuda y tenaz.
Siempre gaviota o lágrima.
Siempre todas y la misma.
Siempre todas y la misma.
Siempre...
y sin embargo,
andando
en la gracia de la vida.
Derecha te alzas ahora, desconocida,
y no te marchitas,
como si no fueras
jamás a dejar de estar tiesa.
En cambio,
cuando Nemeseno
se acostó todo él junto a mí
ofreciéndome cuanto deseara,
pendías como un muerto.
Estírate, hínchate y llora.
Todo en vano:
no obtendrás compasión
alguna de mi mano.
Escitino de Teos (s. VI a.C.)
Cortesía de El mundo desde mi ombligo
Además de guantes,
se recomienda el uso
de cremas protectoras
y botas
en tu alma
Pues nada. De esta salgo republicano. O empezaré a pensar que no existen.
Hoy me duele el alma rota de tanto llorar.
Hoy pisadas pesadas sobre suelos de fango y arenas movedizas.
Hoy sin ti.
Hoy la descalza melodía de un piano cojo.
Hoy la ausencia de miradas en tus ojos.
Hoy sin ti mis manos tiemblan.
Hoy las curvas de la mujer mas perfecta del mundo.
Hoy la boca callada del mudo que guarda un secreto.
Hoy sin ti mi lengua papel de lija.
Hoy cuchillas en el aire afilándose en mi cara.
Hoy de nuevo la ausencia de mis grilletes favoritos.
Hoy sin ti mis ojos se escurren por sus propias cuencas.
Hoy el suelo cubierto de escamas de la piel de un bebé.
Hoy todas las balas de tu boca apuntan a mi corazón
Hoy deja de ser hoy para ser cualquier otro dia.
Hoy, de nuevo, sin ti
Esos mismos que estás pensando
y que se cumplan, si eso es bueno para ti.
Eras la luz de sol
y la canción feliz
y la llovizna gris
en mi ventana.
Eras remanso fiel
y duende soñador
y jazminero en flor
y eras mañana.
Suave murmullo...
Viento de loma...
Cálido arrullo de la paloma.
Ya no serás jamás aroma de rosal,
frescor de manantial en mi destino.
Sólo serás la voz que me haga recordar
que en un instante atroz te hice llorar.
Puedo oír tu voz aunque el equipo de música se haya sumado a tu ausencia, pero nunca podré escribir las palabras tal y como me las imaginé por primera vez ayer.
¿Sabes? Yo no tengo canción, todavía no existe, pero hay tantas otras que se parecen a la melodía que intuyo...
Así pues, pienso seguir el dictado de tus silencios otra vez, observando el paso del tiempo por encima de este cuerpo proyectado solitariamente en la pared, hasta la próxima.
Esta vez yo he sentido vértigo y tú has entendido la distancia que separa dos palabras tan opuestas como "nunca" y "siempre". El tiempo puede pasar muy deprisa...
De noche, mis inquietudes me desvelan y me siento como la mosca que buscó el calor antes de ayer atravesando el cristal de la ventana, pero ahora no sabe cómo salir de esta casa. Hace muchísimo frío en esta vida...
Y aunque estoy conmigo y con mi sombra, también hay señales que reclaman mi atención. Básicamente son pequeños detalles que desfilan ante el abismal precipicio del olvido...
Mis sueños se elevaron hasta tu techo de plumas y estrellas, en una habitación que me demuestra que todos alguna vez fuimos (y somos) ingenuos coleccionando montones de objetos aparentemente inútiles a los cuales nos aferramos por su valor simbólico (¿cuánto vale un recuerdo?).
Mientras tanto, me quedo inmóvil escuchando tus silencios...
Guárdame la noche por tu vientre
y la luna en el costado
y tu lengua que no miente
y el sabor dulce de la locura
de la hembra más desnuda
de la dama más ardiente
guárdame el licor azul del alba
y el balcón de los suspiros
por la seda de tu espalda
para volver sin respiro
ya tu boca por mi cuello
y mi mano por tu falda.
Guárdame el rincón de los aromas
y el diván de los ensueños
y los baños de azahar
y los juegos del espejo
y tu pecho y tu lunar
y tu corazón sin dueño.
Guárdame el jardín de mediodía,
la hora cálida del vino,
la penumbra de la siesta
entre tu risa y mis ganas
y tus besos y tu cama
y tus sábanas de fiesta.
Guárdame las cartas de mi suerte
el desorden de los días
tu lance de amor a muerte
y la lágrima que me diría
si no me mata tu amor
me matará no tenerte
guárdame tus pasos por mi vida
y la tarde en la mirada
y toda la mar detrás
y el poniente en la cintura
si pude quererte más.
Guárdame también la duda
guárdame el rincón de los aromas
y el diván de los ensueños
y los baños de azahar
y los juegos del espejo
y tu pecho y tu lunar
y tu corazón sin dueño...
Jamás lo vas a saber te desea una feliz entrada y salida... también de año.
en esta navidad y siempre.
¡Ánimo, chica de la Piel Desnuda! Gracias por la imagen otra vez, Seis Labios
La navidad era un concepto, como mi polla. Porque mi polla era el árbol de navidad. Con sus bolas. Con su espumillón de color negro. Mi polla era el abeto sobre el que colocar la perfecta estrella de tu coño en perspectiva. Un belén de posibilidad sobre el que edificar paraísos aparentes. Escorzados los cuerpos, ansiosas las glándulas secretoras de lubricación. Dilatados los esfínteres de alegría y desconcierto.
La navidad, sin duda, era un concepto.
La navidad era una entelequia, como tu cuerpo de zorra. Había un no sé qué de posibilidad resuelta, de deseo inalcanzable. Había un recuerdo ancestral en los alrededores de tu sexo, sagrado cáliz de mis desventuras. Último descanso de mis apetencias intempestivas.
Hice bien en herirte,
mujer desconocida.
Al abrazarte luego
de distinta manera,
¡qué verdadero amor,
el único, sentimos!
Como el mueble y la tela, tu desnudo
ya no tenía imponancia bajo el aire,
bajo el alma, bajo nuestras almas.
Nosotros ya no entendíamos de aquello.
Era el suelo de un ámbito
celeste, imponderable.
Éramos transparencias
altísimas, calientes.
¿Lotería? Con el 69 ya me siento feliz.
Mantuvo su mirada
fija en mi sexo,
por unos minutos,
Gesto que me inquietó
y dijo:
¡Bien rasurado!,
pero este clítoris
se nota poco trabajado.
Me gusta que sobresalga
por encima de los labios...
Yo no quiero juntar para mañana,
no me pidas llegar a fin de mes;
yo no quiero comerme una manzana
dos veces por semana
sin ganas de comer.
Yo no quiero calor de invernadero;
yo no quiero besar tu cicatriz;
yo no quiero París con aguacero
ni Venecia sin tí.