Serrat
Ay, mi amor, sin ti no entiendo el despertar.
Ay, mi amor, sin ti mi cama es ancha.
Ay, mi amor que me desvela la verdad.
Entre tú y yo, la soledad y un manojillo de escarcha.
Ay, mi amor, sin ti no entiendo el despertar.
Ay, mi amor, sin ti mi cama es ancha.
Ay, mi amor que me desvela la verdad.
Entre tú y yo, la soledad y un manojillo de escarcha.
Ya con el tiempo empecé a espiarte más seguido y aunque nunca te enteraste, fuiste mi primera mujer.
¡Y no te imaginas lo que te hice y en que lugares te lo hice! En un tanque de guerra, en el carro de tu papi, en un cohete espacial y hasta una vez, me acuerdo, en medio de la cancha del Estadio Nacional y con toda la tribuna coreando mi nombre (ni modo, la selección había ganado y merecía un homenaje).
A veces, miro la palma de mi mano y la nostalgia de tu recuerdo me invade. Y aunque debo aceptar que te fui infiel algunas veces; el bañito azul, el del fondo, es testigo de que siempre, inevitablemente, regresaba a ti.
Buenas épocas. Sería injusto decir que no fui feliz por entonces.
Disfrutaba desde mi ventana, clandestina o abiertamente. Sea para espiarte a través de la rendija que ofrecían tus cortinas semiabiertas o sea también para seguirte con la mirada hasta que tu imagen se perdía al voltear la esquina.
Por entonces ya empezabas a salir solita. Ibas a la bodega, a pasear con tus admiradores y hasta una vez te vi bajar, sin compañía alguna, del bus.
Pero fue recién cuando te hiciste ese corte de pelo cuando comprendí que estabas creciendo. Así pintadita, tus ojos parecían uvas sin cosechar, y tus pecas indescifrables, puntos suspensivos.
Y crecías por acá y por allá. Y más crecías y más apretados eran tus jeans. Y más crecías y más corto te quedaba el polito.
Y más crecías y yo más imaginativo que nunca allá en el bañito azul, el del fondo, rindiendo homenaje a tu ombligo; porque, aunque ni cuenta te dabas, no dejaba de mirarte.
Preferir los hoteles -cuatro estrellas mínimo- al camping. Dejar de ser tan apasionado con las opiniones para empezar a ser más políticamente correcto. Tener medio sex-shop en casa. Disfrazarse en los carnavales sin necesidad de ponerse la máscara, - ya empieza a ir incluida una natural-. Aburrirte cuando te quedas solo en casa. Empezar a ver las orgías como algo ridículo. Tener gatillazos. Engancharse al clamoxil. Intentar vivir una historia de amor con alguien más joven (¿por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?). Intentar enamorase de alguien más mayor por su interior sin antes comprobar sus posibilidades exteriores. Empezar a afeitarse todos los días. Ver a los antiguos compañeros de estudios casados, con hijos, con barriga y con bigote -el tiempo siempre pasa para los demás-. Desear que a Brad Pitt le salga un grano. Comprobar que las gominolas sobadas tienen más sustancia y mucho más sabor (están mucho más ricas). Ir a Ikea y no comprar nada. Ir a Ikea y comprar un vajilla japonesa de treinta piezas. Ir a Ikea. Engordar. Leer los editoriales de los periódicos. Recoger los calcetines enrollándolos de dos en dos. Los dolores de espalda. Los dolores de cuello. Los dolores de piernas. Saber que ni Alaska ni José Manuel Parada formaron parte del Duo Dinámico. Saber quien es el Duo Dinámico. Presumir de lo bien que uno cocina en la intimidad. Los dolores de alma. Saberse el nombre de la Ministra de Cultura. La afición por los productos naturales (a poder ser con bífidus), la leche con calcio y los tés adelgazantes. Decirle a todo el que quiera oírte lo bien conservado que estás. Tener un tubo de hemoal en el botiquín. Creerte que Madonna canta. Empezar a abstenerse en cualquier votación, elección y/o referéndum (la abstención y la abstinencia suelen ir unidas). Ponerle esencia deloquesea al agua de la bañera. Coleccionar cosas viejas e inútiles (la empatía suele funcionar). Empezar a creen que las cremas antiarrugas funcionan después de haber estado toda la vida pensando que los milagros no existen. Coleccionar cremas antiarrugas por si acaso alguna funciona. Tirar la toalla con el inglés. No meterse en la oreja nada que no se compre en la farmacia. Fingir que has leído a todos los clásicos y que te estás aficionando a la música idem. Conocer el nombre del médico de la seguridad social que te corresponde. Empezar a desterrar aquellos tontos principios contra Gucci, Chanel, Dior, Valentino o Louis Vuitton. El sueño que te entra después de comer. El sueño que te entra a las diez de la noche. El sueño que te entra siempre y en todas las partes.. menos cuando quieres que te entre. Preferir el Corte Inglés al Rastro. Saber poner la lavadora. Pensar en hacer testamento. Subir siempre en ascensor. No darle importancia a que el coyote sea incapaz de alcanzar al correcaminos. Pensar en volver al gotelé. Cambiar de colonia. Apuntarte a un gimnasio. El aumento de las cartas del banco cada vez que abres el buzón y que resulta ser directamente proporcional a los meses que vas cumpliendo. Empezar a usar la escobilla del retrete. Comprobar que la talla 38 de los pantalones la hacen cada vez más pequeña. Escribir un blog y ser capaz de mantenerlo más de dos semanas. (Peluche)
Siempre estará la noche, mujer,
para mirarte cara a cara,
sola en tu espejo, libre de marido,
desnuda con la exacta y terrible realidad
del gran vértigo que te destruye.
Siempre vas a tener tu noche y tu cuchillo,
y el frívolo teléfono para escuchar mi adiós
de un solo tajo.
Te juré no escribirte. Por eso estoy llamándote
en el aire para no decirte nada,
como dicen en el vacío: nada, nada,
sino lo mismo y siempre lo mismo de lo mismo
que nunca me oyes, eso que nunca me entiendes nunca
aunque las venas te arden de eso que estoy diciendo.
Gonzalo Rojas
Cuando fuimos los mejores
Los bares no se cerraban
Cada noche en firme
A la hora señalada
Cuando fuimos los mejores
Las camareras nos mostraban
La mejor de sus sonrisas
En copas llenas de arrogancia
Cuando fuimos los mejores
Nuestro otro yo nos acechaba
Mercaderes de deseos
Habitantes de la nada
Cuando fuimos los mejores
Dejamos de ser nosotros
Lo peor que llevas dentro
Se refugia en tu mirada
Tu nombre
(en clave)
aparecía
en todos mis poemas.
Tuviste que adivinarlo.
Era imposible
que no lo supieras.
Era fácil saber
que fuiste la primera
en romperme el corazón.
Tan sólo pude arrancarte
un miserable beso.
Y aún me acuerdo
del primer día
que te vi.
Las palabras
no conseguirán
hacer esto
más fácil.
Te sigo
recordando.
Por una mirada, un mundo;
por una sonrisa, un cielo;
por un beso... yo no sé
qué te diera por un beso.
En la Cueva de Zoar, voy a cavarte.
Te voy a comer como una fruta.
Isis celestial serás para mis manos.
Astarté ardiente serás para mi boca.
Subiré a tus muslos, penetraré los cielos.
Míos serán tus pechos y tus nalgas,
tus curvas deliciosas, mías.
Nunca diré: ¡No te quiero;
o que una ofrenda de fuego te consuma!
Abu Bakr bin al-Abyad
Nunca me gustó beber
en los verdes prados
a menos que
un talle esbelto
viera conmigo
despuntar el alba
o que al caer la tarde
me dijera:
El viento tiene celos
de aquel que acaricia mis mejillas
Ella,
dueña de los corazones,
sembradora de inquietudes
Ella
que puede provocar deseo
al espíritu más templado
Dulces labios
que guardan perlas,
dando de beber al amante
herido de amor
y fiel a sus promesas.
¿Recuerdas cuando nada nos detenía?
Cuando nos creíamos dueños del mundo,
y ciertamente éramos dueños de él
Cuando todo nos interesaba,
pero nada nos preocupaba
Cuando no existía nada imposible
y por difícil que fuera lo emprendíamos,
seguros de culminarlo con éxito
y siempre lo lográbamos
Recuerdas cuando sabíamos muchas cosas
y a todos le parecían tan interesantes
que te escuchaban con mucha atención
cuando hablabas
Lo feliz que fuiste la primera vez que
tuviste un trabajo donde debías
usar paletó y corbata e ir a reuniones
Recuerdas cuando el simple hecho
de comprar un Betamax o almorzar
pasticho de berenjena en la Pensión de Ana
eran eventos dignos de ser recordados toda la vida
Cuando todo lo malo era insignificante
y lo bueno ocupaba casi toda nuestra vida
Cuando con una sola mirada, en un solo segundo,
nos podía cambiar la vida entera
Ultimamente he estado recordando cosas como estas.
No me abandones en las gargantas de los lobos,
pues sangran entre mis dedos las lágrimas del día,
agonía de apneas, serpientes marinas,
dragones alados entre hábitos de monjes medievales
y atrofias de superficies castas...
Siento tu aliento helado,
entre cánticos de gloria y adviento,
natividades muertas,
demonios azules de sexo oscuro...
No me dejes ahogada
en los óleos prendidos
de las púas de los cactus...
¿Qué temes pequeña...?,
¿qué te inquieta?
Puedo exhalar, con voz deforme,
el suspiro del placer de la carne
y perderme entre un mundo desnudo
en el que sólo se vive sobre el orgasmo
¡Ay! misterioso y cruel espasmo
gozoso momento incomparable
desnuda figura que, insoslayable,
me enredas en el aire del gemido
¿y cuánto semen será extraido
de mi cuerpo desnudo que sólo goza?
Pues jamás será vergonzosa
la práctica del placer prohibido.
Y así me miren para matarme
seguiré desnudo, tocándome
sudoroso, cansado, exitado,
esperando con paciencia el momento
en el que mi alma llegue al cielo,
para disfrutar el instante, el momento,
en que mis labios estallen en un alarido
y de mi éxtasis haga eco el gemido
Una nota de color
junto a la calle Ballesta
cuánta ilusión deshonesta
vive pisando ese suelo,
paseando los dineros
buscando comprar amor
Allí empezó a florecer
nuestra impaciencia tanguera
entre tragos de tequila
y canciones al oído,
de muchachitas que hacían
nuestros deseos arder
Allí vivimos romances
bajo la luz de la cueva
que de antiguo fue bodega
sala de juego después,
y que en nuestro tiempo vió
viejos tangos renacer
Asomó un tal Zabaleta
como llamao del destino
se cruzaron los caminos
y de loco desatino,
esa barra fue testigo
mudo y gritón a la vez
También allí coincidieron
otros grandes del momento
no por famosa, es cierto
pero con ese poder
de ser amigos honestos
hasta la muerte tal vez
Bar de constantes enredos
incluso en cierta ocasión
el amor vino a embrujarme
ciego y sordo me dejó,
y luego me toreó
de la traición hizo un arte
No se me olvida Cuando mis labios
en tu albo cuello
con fiebre loca
mi bien posé;
y en los transportes
de amor excelso
no sé hasta dónde
mi alma se fue.
¿Por qué no fueron
aquellas horas
como soñé?
¿Por qué ¡ay! huyeron
y ya no pueden
jamás volver?
¿Por qué no he muerto
cuando eras mía
y yo tu dios?
¿Cómo es que vivo
si éramos uno
y hoy somos dos?
Adamastor
cuenta a los navegantes
su cuita amorosa con Tetis.
Cuando la vio
desnuda en la playa
con las demás hijas
de Nereo,
le hizo saber
por Doris
que pensaba tomarla
incluso por la fuerza;
y ella fingió avenirse,
diciendo que lo hacía
con la esperanza
de evitar así una guerra;
pero luego lo engañó
haciéndole ver
a lo lejos
una roca igual a élla,
que cuando llegó
y la abrazó,
se halló de golpe
convertido en piedra.
Al lector se le llenaron de pronto los ojos de lágrimas....
Y una voz cariñosa le susurró al oído:
¿Por qué lloras, si sabes que todo lo que lees en ese libro es de mentira?
Y él respondió: Lo sé, pero lo que yo siento es de verdad
Vi tu cara blanca pestañeando glamorosa,
te veías tan hermosa en la pantalla de "TV".
No te recordaba tan airosa, profunda y orgullosa,
el amor no te ha dejado envejecer.
Eras un ratón entre mis manos en los tiempos
suburbanos en que pude y te besé.
Ahora veo tu estampa y no le huyo,
pero hay algo que me amarga, yo te tuve y te dejé.
Brillarás en las fiestas faranduleras,
empresarios poderosos lucharán tu corazón.
Torcerás en tu cabeza quilombera
la relación entre la guita y el amor.
Llenarán tus miembros con alhajas,
entrará por esos labios mucho alcohol.
Dormirás en la mañana la resaca
de cocaína que te regaló un buchón.
¿Quién forjó el acero de la plancha que besó
la misma seda que te envuelve cuando te vas a acostar?
¿Quién es el diariero de tu barrio? ¿Quién te rola los
cigarros? ¿Quién lustra el bronce que tocás?
Yo ya te he olvidado; yo no vivo en el pasado;
yo no creo en los rencores por las cosas del ayer.
Pero vivo solo como un paria
porque hay algo que me amarga, yo te tuve y te dejé.
(Acho Estol)
Supongamos
que ya
te has abierto camino
entre sus piernas.
¿Qué hacer ahora?
Damos por sentado
que cada una hará
lo que quiera, pueda o sepa.
Aquí sólo vamos a dar algunas sugerencias.
Algo muy recurrido y sencillo
es besar las ingles y el vello púbico,
prestando especial atención
a la parte central donde se unen los labios.
En algunas mujeres los labios
son prominentes y accesibles,
mientras que en otras
se encontrarán escondidos
tras una maraña de vello púbico.
Soy ese vicio de tu piel
que ya no puedes desprender.
Soy lo prohibido.
Soy esa fiebre de tu ser
que te domina sin querer.
Soy lo prohibido.
Soy esa noche de placer,
la de la entrega sin papel.
Soy tu castigo.
Porque en tu falsa intimidad
en cada abrazo que le das
sueñas conmigo.
Soy el pecado que te dió
nueva ilusión en el amor.
Soy lo prohibido.
Soy la aventura que llegó
para ayudarte a continuar en tu camino.
Soy ese beso que se da
sin que se pueda comentar.
Soy ese nombre que jamás
fuera de aquí pronunciarás.
Soy ese amor que negarás
para salvar tu dignidad.
Soy lo prohibido.
¡Qué vergüenza
me dio al principio!
Luego me pareció graciosa
la cosa
y hasta me sentí orgulloso
de haberte mostrado
mi excitación.
Pero por la mañana,
durante el desayuno,
al verte la cara,
al verte sonreír
pícara pero amablemente,
volvió a entrarme una vergüenza espantosa.