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Preferiría mirar un fax tuyo que a la mayoría de mujeres en carne y hueso.
Incapaz de adivinar mis deseos
Qué no daría yo por la memoria
de una calle de tierra con tapias bajas...
Qué no daría yo por la memoria
de un portón de quinta secreta
que mi padre empujaba cada noche.
Qué no daría yo por la memoria
de las barcas de Hengist,
zarpando de la arena de Dinamarca...
Qué no daría yo por la memoria
de haber sido auditor de aquel Sócrates
que en la tarde de la cicuta
examinó serenamente el problema
de la inmortalidad...
Qué no daría yo por la memoria
de que me hubieras dicho que me querías
y de no haber dormido hasta la aurora,
desgarrado y feliz
Borges
¡Qué sola estabas por dentro!
No me la mostréis vestida
que yo la miré desnuda.
Su propia piel la ceñía
veste a su propia hermosura.
Y era de armiño su cuello
que en red de venas se azula.
Y era el sostén de sus senos
su sola forma alta y dura.
Y para el seno por joyas
los corales de sus puntas.
Y el banco raso del torso
bajando hasta la negrura
del terciopelo que al sexo
a un tiempo exhibe y oculta.
Y eran sus piernas de seda.
Y eran sus plantas menudas.
-Tan menudas que en mi mano
cupieron una por una-.
Zapatos de Cenicienta,
cómo brillaban sus uñas.
No me la mostréis vestida
que yo la tuve desnuda.

Por una vez que intento disimular mis sentimientos y cumplir lo que se supone debe ser un comportamiento formal ante el mundo, ella, sus amigos para que tú, mi amiga, mi querida, mi deseada; pero sobre todo mi amiga, tú, digo, no quería que no sufrieras los inconvenientes de una situación que no debiera jamás afectarte.
Por una vez digo, e intencionadamente me recreo, que hago lo que puedo para comportarme resulta que ella sufre, los amigos hablan y tú, mi amiga, mi deseada, mi bella, tampoco me entiendes y piensas, ¡maldición! no sé qué piensas si por una vez, insisto, no luchaba por desatar tus deseos.
Y tus deseos no fueron desatados, lástima. Y no me entendiste, pena y condena. Sólo sufrimiento. Te advertí que el sexo era más sencillo. Tampoco me entendiste y no ocurrió. Y cuando fui a visitarte no estabas para mí. No ha sido un buen día, no ha sido un buen año. La confusión nos llena. Pena.

Venenosa y hermosa.
Provocas pánico y atracción.
Imprescindible.
En tus redes
¿atrapado?
No puedo dejar de volver
y podría.
Atractiva.
Destructiva.

no va demasiado bien
¿qué me está pasando?
¿qué hice?
¿que dejé de hacer?
¿En qué momento dejamos de ser para sólo estar?
No respondas ahora
No respondas nunca
más dulce
Ayer
ví
el mundo
cómo era:
Muy frío.
Y debajo de las sombras
no había
sitio
para todos.

ni en tus redes ni en las suyas.
Ni de todas ni de una.
Simple, inexplicado.
Como si supiera lo que estoy haciendo,
como si acabara de inventarme
un nuevo día.
Como si no lo tuviera pensado.
Como siempre.
Como nunca.
Como si lo tuviera pensado.
Como si no supiera lo que estoy haciendo.
Como si un nuevo día acabarara de inventarme.
Complejo, pero estudiado.
De todas pero tuyo.
En sus redes y en las tuyas.
Atrapado.
Perdido.

¿Por qué el número siete en España se escribe con una rayita horizontal a media altura del número? (*)
Cuando Moisés bajó del Sinaí, leyó los mandamientos a su gente.
Al llegar al séptimo dijo No cometerás adulterio.
Entonces, todo el mundo dijo "¡tacha el siete, tacha el siete ! "
(*) Es cierto, en los anglosajones se escribe sin rayita
Y sé qué es el sexto, pero no estropeemos el chiste

Yo soy el que está cuando quieres que esté
yo soy el que se impregna se impregna en tu piel
Estoy a tus pies a la hora que deseas
soy espejismo fiel de tus sueños de seda
No importa la situación nocturna es mi hora
No importa el balcón mucho menos la alcoba
Despertaré tus deseos convertirté tus pasiones
acércate un poco más descubriré tus rincones
Ven y te llevo a otro lugar y estarás conmigo junto al mar
El invisible soy yo
El invisible soy yo, soy yo
No sabes que el mejor arte es el de desnudarte
el de embriagarte olerte, besarte
Me llevo la mejor parte de tu estandarte
al acostarte tomarte, llevarte (a otra parte)
Te llevaré al mundo interior de las almas
donde podrás alcanzar tu la calma
Te dejo impresas mis huellas
para que con ellas alcances estrellas
Son tus ojos delatores satisfechas están tus flores
Y en las noches seguirás llamándome
a la hora que deseas
soy espejismo fiel de tus sueños de seda

Ven a por mí.
Yo aliviaré tu cansancio.
Te mimaré.
Te acariciaré.
Te besaré.
Te lameré.
sólo dos veces tuve esa fortuna
que pudo haber sido mía
¿Recuerdas? Un día hablamos de eso,
casi sin querer.
Ese día nos asustamos
Nos dimos cuenta de que íbamos en serio.
Y pensamos en ellos: tu marido, mi mujer
Poco después el miedo le puso a la pasión
Y ahora vas a tener una hija,
que siento un poco mía
aunque haga años que no yazcamos
Te deseo toda la suerte,
te mando todo el amor
es como follar por la virginidad.
La chica con la falda roja vuelve a acertar.
Os dejo con sus palabras, ella lo dice mejor que yo:
En cuestiones amorosas solemos ser bastante ingenuos. Daríamos la vida por el otro, no podríamos vivir sin él, nuestra vida no tendría sentido sin estar a su lado, decimos, y sin embargo no dejamos de anteponer nuestros intereses a los del otro. Cuando la enajenación del momento me lleva a ese tipo de desvaríos siempre tengo a mano una historia que me cuento.
Mi pareja está de viaje por asuntos de trabajo. Al concluir la jornada y regresar al hotel, cansado y sintiéndose un poco solo, se entretiene en el bar tomando una copa. Una joven toma café en el otro extremo de la barra. Se sonríen, él se acerca a ella y comienzan a hablar de sus agotadoras jornadas. Sin proponérselo, surge la complicidad, los cruces de miradas, los coqueteos, las risas y finalmente se retiran juntos a la habitación a seguir charlando y a tomar la última copa. Pasan un buen rato de sexo seguro y a la mañana siguiente se despiden con un beso y una sonrisa.
Si antepusiera los intereses de mi pareja a los míos ese debería ser el final deseable para mí. Como lo que antepongo son los míos, prefiero que mi querida pareja se aburra en su habitación y se deje de historias.

Del poemario La vidriera irrespetuosa de Jesús Ortega
Cuerpos prestados del amor,
formas que pasan, labios
cuyos besos permenecen.
Ojos como luces
de una estrella muerta que nos llega.
Cuerpos prestados del amor que queda.
Cuerpos que pasan, como si el amor
cambiara de vestido.
Pero el amor es uno,
lo que ocurre es que cambia sus paisajes
y el paisaje se quiebra para que haya puentes.
Porque el amor es un puente
y es un salón de espejos enfrentados,
donde unos cuerpos bailan o juegan
o parten
y olvidan un zapato con el taco roto.
Agua que arrastra unas flores.
Pechos que resbalan sobre un pecho.
Cuerpos
afluentes del amor
que pasan.

Ciertas hembras
exultan felicidad
más allá
de latencias febriles
exhalan fragancias viscosas
invasoras de retinas y sentidos
someten al bardo y al conciente
cortan en trozos los destinos.
Perfidias del sexo bien habido
con dolores de fuego
comprometen el cuerpo y el aliento.

Te busco
detrás de todas
las puertas
de mi alma
y tu estás delante
¡Qué desencuentro
cruel!
Lamento inútil
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