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No haces mas
que murmurarme.
Tanto como tú
me querías
y ya no quieres
ni hablarme
¡Qué mala suerte la mía!

Vi luego otra Bestia que surgía de la tierra
y tenía dos cuernos como de cordero,
pero hablaba como una serpiente.
Ejerce todo el poder de la primera Bestia
en servicio de ésta (…)
Se le concedió infundir el aliento
a la imagen de la Bestia,
de suerte que pudiera incluso hablar
la imagen de la Bestia
y hacer que fueran exterminados
cuantos no adoraran la imagen de la Bestia.
Hace que todos, pequeños y grandes,
ricos y pobres, libres y esclavos,
se hagan una marca en la mano derecha
o en la frente, y que nadie pueda comprar nada ni vender,
sino el que lleve la marca con el nombre de la Bestia,
o con la cifra de su nombre,
¡Aquí está la sabiduría!
Que el inteligente calcule la cifra de la Bestia;
pues es la cifra de un hombre.
Su cifra es 666

Siempre te vas en las tardes
y el tiempo se va atrás de ti
pegado a tu piel como el sol
quemando el silencio mi voz.
Me quedo triste pensando
en el beso que me faltó dar
o el deseo que queda tenaz
pero tarde es, tengo que partir.
La vida sigue su curso afuera
mi cama está sin vestir aún.
Al otro día regresas y vuelvo
en tus brazos a amar o hablamos
de algún tema actual
y el tiempo nos vuelve a buscar.
Y así vivimos los dos alerta
sin dejar nada,
sin darnos tregua.

Las cenizas de la soledad
se avivan
con cada nuevo amor.
Aunque eso no quita
que me pase
la vida entera
recordándote
Alguna vez pensé
que duraría siempre.
Pero siempre
es una palabra
que ni siquiera
los dioses entienden

Soy ese vicio de tu piel
que ya no puedes desprender.
Soy lo prohibido.
Soy esa fiebre de tu ser
que te domina sin querer.
Soy lo prohibido.
Soy esa noche de placer,
la de la entrega sin papel.
Soy tu castigo.
Porque en tu falsa intimidad
en cada abrazo que le das
sueñas conmigo.
Soy el pecado que te dió
nueva ilusión en el amor.
Soy lo prohibido.
Soy la aventura que llegó
para ayudarte a continuar en tu camino.
Soy ese beso que se da
sin que se pueda comentar.
Soy ese nombre que jamás
fuera de aquí pronunciarás.
Soy ese amor que negarás
para salvar tu dignidad.
Soy lo prohibido.

Hay besos que pronuncian por sí solos
la sentencia de amor condenatoria,
hay besos que se dan con la mirada
hay besos que se dan con la memoria.
Hay besos silenciosos, besos nobles
hay besos enigmáticos, sinceros
hay besos que se dan sólo las almas
hay besos por prohibidos, verdaderos.
Hay besos que calcinan y que hieren,
hay besos que arrebatan los sentidos,
hay besos misteriosos que han dejado
mil sueños errantes y perdidos.

...porque con éstas o con otras palabras
quiero decir que no sos tan sólo
la querida muchacha que sos
sino también las espléndidas
o cautelosas mujeres
que quise o quiero
porque gracias a vos he descubierto
(dirás ya era hora
y con razón)
que el amor es una bahía linda y generosa
que se ilumina y se oscurece
según venga la vida
una bahía donde los barcos
llegan y se van
llegan con pájaros y augurios
y se van con sirenas y nubarrones
una bahía linda y generosa
donde los barcos llegan
y se van
pero vos
por favor
no te vayas.

Me gustas cuando dices tonterías,
cuando metes la pata, cuando mientes,
cuando te vas de compras con tu madre
y llego tarde al cine por tu culpa.
Me gustas más cuando es mi cumpleaños
y me cubres de besos y de tartas,
o cuando eres feliz y se te nota,
o cuando eres genial con una frase
que lo resume todo, o cuando ríes
(tu risa es una ducha en el infierno),
o cuando me perdonas un olvido.
Pero aún me gustas más, tanto que casi
no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno.

Aire,
soñé por un momento que era aire,
oxígeno, nitrógeno y argón,
sin forma definida, ni color.
Fui aire, volador.
Como yo soy muy consciente
hasta en esta situación,
decidí ser consecuente
con mi nueva dimensión
y probé a ser respirado
por la que duerme a mi lado.
Sin entrar en pormenores,
yo sé hacer cosas mejores
Sé que no eras un ángel
ni una puta
Me cogías como un ángel
hasta hacerme estornudar
por el roce de las plumas
de tus alas y claro
caían lágrimas de mis ojos
Llorabas entonces
como una puta enamorada
de un ocasional cliente caliente
y nuestros gemidos no sexuales
se elevaban a los cielos
Allí quedó nuestro amor, colgado
después de alguna noche
de sexo en la que perdiste las alas
al golpear contra una nube
y caíste hacia algún lugar del planeta.
No te volví a ver
pero sigo buscándote
y reavivando tu recuerdo
en iglesias y burdeles.
J. D. Perrota, encontrado en Cristal Secrets

Un día me dijiste:
De nada servirá seguir ocultando tu deseo.
De nada servirá tu fidelidad ni tus promesas
De nada servirá, pierde tus alas y ven.
Deja de ser un ángel.
Sé una persona normal.
Ven
Mejor nunca
te hubiera hecho caso.
Ahora no tengo
ni tu amor
ni mis alas

Refiriéndola a los casados, y con palabras que recuerdan las antes citadas, la castidad conyugal sería la virtud que hace posible y facilita que a los quince, veinte, veinticinco o muchos más años de matrimonio, cada esposo se encuentre tan enamorado del otro y éste le resulte tan atractivo, en todos los sentidos del término, como aquel día ya lejano en que los dos quedaron recíprocamente prendados; o mejor, porque es más cierto, mucho más amable y arrebatador que entonces, por cuanto el cariño prolongado le ha conducido a descubrir y ahondar en su riqueza personal y en su hermosura más real y certera.
La castidad, por consiguiente, es algo grande, excelso, positivo, que no se limita o resuelve en un conjunto de prohibiciones y que va mucho más allá de los dominios de la mera genitalidad. Su objeto propio, como el de toda virtud, es el amor: En este caso, el amor de dos personas sexuadas -varón y mujer- y justo en cuanto tales. Y su fin, hacer que se despliegue y fructifique ese cariño en todas y cada una de sus dimensiones, no sólo en las directamente relacionadas con el trato corporal ni genital.
De manera similar, un marido enamorado tiene que estar dispuesto a repetir muchas veces al día a su esposa, junto con otras manifestaciones de afecto, que la quiere. ¡Claro que ella ya lo sabe! Pero necesita de forma casi perentoria que semejante confirmación gozosa le entre por los oídos muy a menudo: es una delicadeza aparentemente mínima, pero que la reconforta y le da vigor para seguir en la brega, a veces ingrata, de sacar adelante con bríos renovados el hogar y la familia. Y el varón, por su parte, además de agradecer también en muchos casos la declaración paralela de su esposa, necesita pronunciar esas palabras para reforzar, mediante la afirmación expresa y materializada, los quilates de su amor y de su fidelidad.

Una mujer desnuda y en lo oscuro
tiene una claridad que nos alumbra
de modo que si ocurre un desconsuelo
un apagón o una noche sin luna
es conveniente y hasta imprescindible
tener a mano una mujer desnuda.
Una mujer desnuda y en lo oscuro
genera un resplandor que da confianza
entonces dominguea el almanaque
vibran en su rincón las telarañas
y los ojos felices y felinos
miran y de mirar nunca se cansan.
Una mujer desnuda y en lo oscuro
es una vocación para las manos
para los labios es casi un destino
y para el corazón un despilfarro
una mujer desnuda es un enigma
y siempre es una fiesta descifrarlo.
Una mujer desnuda y en lo oscuro
genera una luz propia y nos enciende
el cielo raso se convierte en cielo
y es una gloria no ser inocente
una mujer querida o vislumbrada
desbarata por una vez la muerte.

Derecha te alzas ahora,
desconocida, y no te marchitas,
como si no fueras
jamás a dejar de estar tiesa.
En cambio, cuando Nemeseno
se acostó todo él junto a mí
ofreciéndome cuanto deseara,
pendías como un muerto.
Estírate, hínchate y llora.
Todo en vano:
no obtendrás compasión
alguna de mi mano.
Escitino de Teos (s. VI a.C.)

Aunque no quieras creerme,
yo también fui un ángel una vez.
Como a todas,
hubo un momento
en el que el velo de la realidad
se me desgarró ante los ojos
y el dolor del amor
me hizo gritar
que nunca más volvería a querer
Por eso estoy ahora aquí,
contigo

Soñar con una mujer hermosa es el consuelo de muchos hombres casados con una mujer hermosa.
(Lorem Ipsum, la basura de relleno de la vida)

No lo he olvidado
y espero que tú tampoco...
No hemos llegado
a encontrarnos
Pero sigo esperando
que llegue el momento
Sé dónde estás.
Llegaré

Alma son de mis cantares,
tus hechizos...
Besos, besos
a millares. Y en tus rizos,
besos, besos a millares.
¡Siempre amores! ¡Nunca amor!
Los placeres
van de prisa:
una risa
y otra risa,
y mil nombres de mujeres,
y mil hojas de jazmín
desgranadas
y ligeras...
Y son copas no apuradas,
y miradas
pasajeras,
que desfloran nada más.
Desnudeces,
hermosuras,
carne tibia y morbideces,
elegancias y locuras...
No me quieras, no me esperes...
¡No hay amor en los placeres!
¡No hay placer en el amor!
Manuel Machado

Su piel era
tan blanca
que brillaba
con la luz
de la noche.
No te muevas,
me dijo,
y avanzó.
Ella puso
sus rodillas
en la alfombra
y avanzó.
Se detuvo
y puso
su adorable sexo
en mi cara.
Yo aspiré su olor
pero...
No respires,
me dijo,
No te muevas en lo absoluto.

Fuimos hostias cuando el pan
destacaba por ausente,
fuimos doctor y paciente
en sala de espera impar.
Soy pretérito de musa,
eres carne de otro post;
fui cuarto y mitad inconclusa,
fuiste alquitrán en la voz.
Soy presa de oposición,
eres hilo de cometa,
seremos unas maletas
a la compra de un colchón.
Soy el dos y fuiste el tres
que ahora prefiere ser par;
si eres espejo, seré
…según, sin, so, sobre, tras…

En mi casa no hay nada prohibido
pero no vayas a enamorarte
con el alba tendrás que marcharte
para no volver.
Olvidando que me has conocido,
que una vez estuviste en mi cama,
hay caprichos de amor que una dama
no debe tener.
Es mejor, le pedí, que te calles,
no me gusta invertir en quimeras,
me han traído hasta aquí tus caderas
no tu corazón.
Y después, para qué más detalles,
ya sabéis, copas, risas, excesos
como van a caber tantos besos
en una canción.
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