Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2006.

Para casados y casadas, vuelven las oportunidades.
En vacaciones, es mucho más complicado escaparse. Así que funcionamos al revés que los solteros.
Septiembre es un buen mes... hemos pasado por la excitación de Agosto sin poder aprovecharla. Veremos si hay suerte.
Esperemos que la haya.
Os espero.

Propongo aquí cinco principios respecto a las caricias:
1. Darlas cuando tenemos ganas.
2. Pedirlas cuando las necesitamos.
3. Aceptar y disfrutar las auténticas.
4. Rechazar las que NO queremos.
5. Dárnoslas a NOSOTROS mismos (Autoestima).

redondos senos de reina,
donde feliz descansa
mi cabeza.
respira tranquilo tu pecho
bajo tu piel tersa,
en la siesta.
la orilla del lago suave,
lame la blanca arena
la luna grave,
recorta en el cielo su disco,
y el viejo bosque respira
tu mismo ritmo.
me miras, ojos insondables,
de azules celestes infinitos,
mi sueño es nave
que me lleva a tu cuerpo
joven, silueta en el aire,
deseos en mí mismo.
mi pecho siente tus brazos,
tus manos, caricias dormidas,
siento vivir dos vidas,
tu rubia melena en regazo,
por la brisa acogida,
cielo azul en lo alto.
Ya sé, solo es un ensueño,
pero la vida no es,
entre día y día, mi diosa,
nada más que eso.

No me abandones
en las gargantas de los lobos,
pues sangran entre mis dedos
las lágrimas del día,
agonía de apneas,
serpientes marinas,
dragones alados
entre hábitos de monjes medievales
y atrofias de superficies castas...
Siento tu aliento helado,
entre cánticos de gloria y adviento,
natividades muertas,
demonios azules de sexo oscuro...
No me dejes ahogada
en los óleos prendidos
de las púas de los cactus...
¿Qué temes pequeña...?,
¿qué te inquieta?

De vuelta al trabajo
como un mulo de carga,
dejando la vida
por un puñado de monedas;
aguantando jefes,
compañeros,
clientes,
broncas,
malas caras.
Menos mal
que me esperas
al volver
a casa

Me tienes en tus manos
y no me quieres tomar
Nos miramos,
nos decimos
Te quiero
a veces, incluso,
nos besamos
y luego
nos marchamos cada uno
con nuestra pareja
a casa
con el deseo
dándonos vueltas
en los labios.
No lo puedo soportar.

Eres
el ángel oscuro
que ilumina mis sueños
y apaga las luces
de mi entendimiento.
No puedo dejar
de pensar en ti
y tú lo sabes.
Pero
lo nuestro
terminó
el día
que el miedo
te convirtió
en el ángel oscuro
que ilumina mis sueños
y apaga las luces
de mi entendimiento.

Lo contradictorio
es que cuidemos del cuerpo
para podernos olvidar de él,
que nos lavemos los dientes
para no sentirlos,
que hagamos gimnasia
para estar ágiles.
Si fuéramos coherentes,
en vez de halterofilia
haríamos ejercicios de levitación
y reconoceríamos abiertamente
que lo que nos sostiene en la vida
es nuestra vocación de fantasmas.
Y el sexo, claro.
Leopoldo de Trazegnies Granda
Sevilla, 2001

¡Qué hermosas las mujeres de mis noches!
En sus carnes,
que el látigo flagela,
pongo mi beso adolescente y torpe,
como el rocío de las noches negras
que restaña las llagas de las flores.
Pan dice los maitines de la vida
en su rústico pífano de roble,
y Canidia compone en su redoma
los filtros del pecado,
con el polen
de rosas ultrajadas,
con el zumo
de fogosas cantáridas.
El cobre
de un címbalo repica en las tinieblas,
reencarnan en sus mármoles los dioses,
y las pálidas nupcias de la fiebre
florecen como crímenes;
la noche,
su negra desnudez de virgen cafre
enseña engalanada de fulgores
de estrellas,
que acribillan como heridas
su enorme cuerpo tenebroso.
Rompe
el seno de una nube
y aparece
crisálida de plata,
sobre el bosque,
la media luna
como blanca uña,
apuñaleando un seno;
y en la torre
donde brilla un científico astrolabio,
con su mano hierática, está un monje
moliendo
junto al fuego la divina
pirita azul
en su almirez de bronce.

Hay hadas con los ojos finos, cerrados aún
que no me miran y no quieren mezclarse ya que
tienen la piel de porcelana azul y que de las manos
sueltan pétalos de melocotón. Hay hadas comiéndome
al lado sin el más mínimo ruido y sin el más mínimo
rumor me caricia el paladar un néctar de queso y ciruela,
de agua caliente y miel, de rosa con espinas. Hay hadas
sin hablar, hadas que no hablan mi lengua y que
me queman las palabras en el fondo del mar.
Hay hadas rubias con piel de seda y pelo largo
ojos verdes y un jersey rojo con cremallera de mantequilla;
hay hadas con cara blanca, con labios grandes y sonrisa
que me llama: dos besos han de ser suficientes,
dos besos son un sacrificio, son un desvío
y un meñique colgando sobre el vacío la única
salvación. ¿Quién prefiere las montañas rusas?
Ya no tiene sentido; hay hadas rubias que son
hilos tensos de equilibrista sin red.

Si un doble mío penetrara en su cuarto
y lamiéndole el cuerpo con el mimo
sumiso del esclavo, le sacara
de algunas de sus frecuentes pesadillas.
Si le invitase entonces a un viaje secreto
por muslos y por labios, laberintos
de piel que una mano diestra
registre en la noche, suavemente.
Si entre usted y yo, a estas alturas,
hubiera saliva o rumor de matorrales,
la íntima humedad con que el rocío del gozo
va untando a aquellos que no duermen.
Si fuésemos reptiles, si transfigurásemos
el río de las horas en un burdel de gestos
y el alba sólo fuera un relámpago importuno.
Si mi sosias penetrase por su hendidura estrecha
y el vello nos sumiera en un deleite súbito.
Si tensáramos sus músculos como el hilo de un arco
que habrá de dispararse contra la carne contraria.
Quizá-quizá, si todo esto ocurriera
y yo la encuentre mañana en los grandes almacenes,
mirándome a los ojos distraída diría
su cara, caballero, no sé, me suena mucho.

enterré mi testamento en tu vientre
ante la incertidumbre de los murciélagos
que no captaron la transfusión de palpitares
(cuando exhalabas mis huesos
el Universo
se hizo miles de versos
y viceversa)
con un chorro de sangre y de viento
toqué tu frente de barro
para iniciar el ritual
de la melodía
luego
buscamos la llamita verde
de todos los orígenes
e hicimos la luz

Vecinas,
compañeras
de trabajo,
esposas
de los amigos,
viejas amigas,
primas lejanas,
madres
de los amigos
de tus hijos,
amigas
de tu mujer.
Rollos ocasionales
que a nadie hacen mal
y dejan un poso de cariño
en los ojos
para siempre.
Una extraña
forma de amor,
acaso.

No puedo dejar de pensar en ti.
Es una estupidez,
lo sé.
Acabamos hace tiempo,
tú has tenido
más amantes
después
(de los que he sentido celos,
yo que nunca he tenido celos
y menos con alguien
que no era mi pareja,
que ni siquiera
había sido mi pareja)
y ahora estás
embarazada otra vez,
supongo que de tu marido
porque no eres ninguna tonta
y no puedo dejar
de pensar en ti.
Será porque
cuando el amor nos golpeó
¿recuerdas?
hablamos de hijos,
nos miramos
y nos asustamos.
A los dos días me dijiste
que lo nuestro
había terminado.
Y ahora te veo
embellecer
semana tras semana y
¿qué quieres que le haga?..
no puedo
dejar
de pensar en ti.
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