Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2007.

Qué no daría yo por la memoria
de una calle de tierra con tapias bajas...
Qué no daría yo por la memoria
de un portón de quinta secreta
que mi padre empujaba cada noche.
Qué no daría yo por la memoria
de las barcas de Hengist,
zarpando de la arena de Dinamarca...
Qué no daría yo por la memoria
de haber sido auditor de aquel Sócrates
que en la tarde de la cicuta
examinó serenamente el problema
de la inmortalidad...
Qué no daría yo por la memoria
de que me hubieras dicho que me querías
y de no haber dormido hasta la aurora,
desgarrado y feliz

Su aroma se había colado en mi piel y el recuerdo de sus besos trazaba un río infinito que me robaba el sentido.
El reflejo del amanecer acariciaba su cuerpo de sirena, sus caderas de marfil me mareaban al recorrerlas como un viajero que recordaba una tierra desconocida.
Sus cabellos oscuros bañaban la pureza transparente de su piel, como la noche profunda lo hace con la luna, acariciando las orillas de su indefenso pecho de paloma.
Cada vez que respiraba hundida en sus sueños me capturaba el aliento, me cautivaban las aguas calmas de su rostro, su sonrisa de labios entreabiertos me llevaba a desistir de mi pasividad de observador para esclavizarme en el vicio de acariciarle las mejillas
Sus manos diminutas se posaban en las sábanas como si fueran a volarse con la primera brisa de la mañana, y sus lunares dibujaban constelaciones que iba bautizando con el paso de mis manos.
Amé todo lo que ella odiaba de si misma, las torpes quemaduras de su brazo, sus hebras indomables, la imponencia de su contorno.
Quiero vivir lo que queda de mis días enredado entre sus piernas, despertar con ella entre mis brazos cuando la suerte me castigue, destaparme entero para entregarme a sus caprichos de mujer.
Podría haberla mirado toda la vida, ahora es ella la dueña de mi alma.
No quería despertarla, quizás soñaba conmigo, como yo lo hacia con ella, pero despierto.
Anónimo

Primer plato
Sopa de corazón de tortuga
(Se toma una tortuga anciana, ya que son las que más saben.
Se introduce en una olla con agua hirviendo
Con tapones en los oídos para no oír los chillidos.
Se deja hervir durante seis horas.
(Durante ese tiempo el matrimonio aburrido, pondrá música romántica, se sentará en el sofá con una luz tenue, y comenzarán un ritual de cortejo)
Cuando la tortuga esté en su punto, se le quitará el caparazón,
Sacaremos el corazón y lo aderezaremos con canela, jengibre y pétalos de rosa.
Se pasará ligeramente por una plancha engrasada.
Y se servirá rápidamente.
El marido tomará una pizca de corazón y se lo dará a su esposa, quién
Lo pasará suavemente por sus labios y lo devolverá al anterior.
Este sin poder contener su excitación, tomará a su esposa y la pondrá encima de la mesa
Después de haber quitado de un manotazo todos los estorbos.
Postre
Un buen sueño reparador
Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/